Había una vez un circo…

“…que alegraba siempre el corazón, lleno de ilusión…” Así durante años cantaban los niños de toda España acompañando a los payasos de la tele. Muchos de esos niños, que ahora son ya adultos con hijos y nietos, al contemplar el panorama político, social y cultural de la actualidad española exclaman con pena y desilusión:¡vaya circo que hay montado! Mírese por donde se mire en nuestra realidad actual, nacional e internacional, se está dando un destartalado, y a veces cruel, espectáculo circense (pido perdón a todos los artistas del circo si aquí tomo el circo en su acepción coloquial de alboroto y jaleo).

Muchas personas al concienciarse de los momentos que vivimos en España y en el mundo, abriendo los ojos a la realidad, experimentan una sensación de pesimismo y de desconcierto, de desilusión y angustia por el presente y por el futuro. Caen en las lamentaciones al tiempo que se sienten frustrados e indolentes: “No hay nada que hacer” Me recuerdan a esos conejos que cruzan una carretera por la noche y al descubrir los faros de un coche se los queda mirando sin moverse y mueren atropellados sobre el asfalto.

No tenemos fuerzas para reaccionar, pensar y decidir una actuación que contribuya a cambiar las situaciones a mejor. Así seguimos el juego sucio de los egoístas y ególatras que sacan partido de todo ello.

Fijémonos en cualquier problema que detectemos bien sea político, económico o social de dentro o de fuera de nuestras fronteras. ¿Cómo nos afecta? ¿Cuál es nuestra reacción? ¿Qué opinamos de ello? No siempre podremos esconder la cabeza como los avestruces. Ni dejar que otros nos saque las castañas del fuego. Tampoco que egoístamente prescindamos de ello porque no nos toca a nosotros.

En el circo de la tele, de niños, nos emocionábamos, reíamos, aplaudíamos, cantábamos, bailábamos, nos movíamos. Hacíamos todo lo que sabíamos. Ahora somos meros espectadores apáticos, taciturnos, apoltronados y reconvertidos en el sofá que tan cariñosamenteacoge nuestro trasero.

Si el circo que hay montado nos gusta, aplaudamos y disfrutemos; si no nos gusta, tengamos la valentía de reaccionar y hacernos oír y valer.

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