Hay solución, pero es fea

Nos tienen engañados. No sé por qué oscuro motivo lo hemos permitido, pero nos tienen engañados. Los políticos, los banqueros, los consejeros de las grandes corporaciones… nos tienen engañados. Toda esa gente no sabe más que nosotros. Lo que sucede es que pertenecen a un endogámico club en el que se entra mayormente apoyado en malas artes y del que, a nada que seas discreto, es difícil que te echen. Los que están, además, no quieren salir por una razón sencilla: trabajan poco, parecen muy importantes y están bien pagados.

Un dirigente político luchará por mantener su estatus como un lobo. Es magnífico: no hacen más que pisar moqueta y, a pesar de demostrar una inutilidad mental manifiesta, serán capaces de expresar sus opiniones aunque el tema de debate no tenga nada que ver con sus conocimientos. Lo único que no hay que tener es vergüenza. Ya en sus inicios de presidente del gobierno, Zapatero preguntaba a su ministro Jordi Sevilla, en una rueda de prensa en la que se hablaba de economía, si había dicho muchas tonterías. Al menos éste era consciente de que cabía la posibilidad de que las dijera.

Lo maravilloso radica en el cambio que opera la mente de muchas de estas personas de la política, la banca y las grandes empresas, cuando un buen día se llegan a creer ellos mismos que realmente son brillantes. El ejemplo más paradigmático y claro es José María Aznar, que acabó tan pagado de sí mismo que hasta se lanzó a dar conferencias en un inglés de párvulo haciendo ostentación de ello; que procuró un bodón a su hija en el que no reparó en boato simplemente porque consideraba que era lo apropiado, el muy idiota (tómese como un diagnóstico y no como un insulto).

No debería ser necesario refrescarnos la memoria con tantos y tantos ejemplos, pero es divertido: que Elena Valenciano y Soraya Rodríguez dirijan el PSOE y hablen a menudo en foros de trascendencia política es absolutamente sorprendente. En serio, no creo que los cocientes intelectuales de ambas sumados superen el de Sergio Ramos (que lo tiene bastante alto, a pesar de las creencias). Que le analizas la expresión a Soraya Sáenz de Santamaría y lo que te sugiere no es bueno. Que le ves el careto al secretario de organización del PSOE, que ése no sé ni cómo se llama, y suspiras ¡ay, dios mío!

No quedaría el ganado correctamente estabulado sin hablar de tipos como Goirigolzarri, Botín o similares, acostumbrados a creerse el centro del universo y a comprobar que la estupidez de sus adláteres y el descontrol ajeno de sus decisiones propician que se asignen salarios vergonzosos e inmorales, generando además un respeto social absolutamente desmesurado, cuando a la gente que practica la inmoralidad tendríamos que echarlos a patadas.

Mejor no referirnos al producto autóctono, ¿verdad? Joana Maria Camps, Antonio Gómez, Carlos Delgado —por citar a los que ahora gobiernan o acaban de gobernar—, ¿de verdad que no supieron encontrar nada mejor? No me lo puedo creer. Los veo mejores cada día en el autobús, sin conocerlos. Qué suspiros de desaliento nos inspiran inútiles como Francina Armengol, Cosme Bonet, o Vicenç Thomás, incapaces de callarse cuando su opinión por indocumentada es irrelevante, y sólo interesados en seguir instalados en el chollo para no tener que dar un palo al agua (alguno de ellos ni eso porque no tiene oficio conocido o actividad laboral alguna ajena a la política).

Al nacionalismo de cualquier patria ni mencionarlo porque no soy religioso y los dogmas no me distraen.

Así las cosas, los ciudadanos de esta comunidad autónoma, de este país y, me temo, de este continente y este planeta lo tenemos muy mal. Quienes nos dirigen y en quienes confiamos nuestro poder, nuestros resortes económicos y, por supuesto, nuestras armas son unos sinvergüenzas. Seguramente no todos, pero por cada uno que se salva la generalización es exacta durante muchas decenas de ejemplos.

Lo peor es que la solución existe, pero es muy, muy fea.

0 comentaris a “Hay solución, pero es fea

  1. Cuanto resentimiento y cuanta frustración. Usted lo intentó y ni siquiera fue admitido en este club de mediocres. Hizo segundo en el concurso de inútiles y posiblemete no consiguió ni un accesit den el de vagos. Quien no te conozca (pocos sern) que te compre el cuento

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