Holanda no es España, pero….

Ya tenemos los resultados de las elecciones legislativas holandesas, y un aliento de tranquilidad ha recorrido Europa. Se ha conseguido poner freno al populismo de extrema derecha, es el mensaje común que repiten la inmensa mayoría de los medios de comunicación y los principales representantes políticos. El partido del actual primer ministro, pese a perder apoyos, sigue siendo el más votado y será el encargado de intentar formar gobierno en un escenario altamente fragmentado.

Visto lo visto en Holanda y los próximos retos en Francia y Alemania, es lógico que la mayoría de países de la UE (no todos) respiren hondo ante el fracaso de  la extrema derecha holandesa. Pero la estabilidad, con su consiguiente labor, no sólo se alcanza con la “expulsión” democrática de la derecha, populista, xenófoba, racista y euro escéptica. Puede ser la condición sine qua non, pero no suficiente para que se de una respuesta política coherente que haga frente a los problemas y demandas de su ciudadanía. En muchos lugares, el tiempo de las mayorías absolutas es cosa del pasado, y es necesario un esfuerzo de todos, ciudadanía y partidos, para poder gestionar esta fragmentación que, per se, no es mala. Únicamente hay que anteponer la negociación, el diálogo y el interés común al partidismo dominante. En Holanda hace lustros que gobiernan en coalición ¿Fácil? Nada, pero sí posible y, además, imprescindible. En España estamos inaugurando un parlamento plural y diverso, donde ningún partido tiene mayoría absoluta. El PP gobierna en minoría, en consecuencias la negociación y el pacto son necesarios. El pacto no significa, o no debería significar, la renuncia de la ideología propia de cada partido. Es la estrategia y la táctica del do ut des (doy y tu me das). En España, de momento, calma chicha.

Otro tema que requiere un análisis profundo es la brutal derrota que ha sufrido el PvdA, el partido laborista que ha gobernado con los liberales de Rutte estos últimos años de aplicación de recortes y que pasa de treinta y ocho escaños a nueve; lógicamente, esto se debe insertar en la derrota que la socialdemocracia sufre toda Europa. Como casi todo, es imposible reducir los resultados de un determinado partido a un único factor, pero sin duda ha sido determinante la imagen de formar parte de un gobierno de coalición y, por tanto, apoyar las medidas neoliberales imperantes en el continente. Los socialistas españoles deberían aprender (o escarmentar) en cabeza ajena. No aludo de nuevo a la muerte lenta, la irrelevancia política, del PASOK (los socialistas griegos) por su colaboración activa (y pasiva) en la aplicación de medidas económicas y sociales insostenibles e inviables. Pero si quiero referirme a las perspectivas de las ya próximas elecciones francesas. El enemigo a batir es el populismo de Le Pen. Su adversario al que tendrá que batirse probablemente  en una   segunda vuelta son dos políticos practicantes  de las políticas neoliberales, el conservador Fillon  (representante de la derecha francesa clásica) y el liberal Macron  (candidato de una nueva corriente política todavía sin estructura partidista). Y la izquierda durmiendo el sueño de los justos. El partido socialista francés sin posibilidades reales de superar con éxito la primera vuelta. Las razones son evidentes: aplicación sin complejos de las políticas económicas y sociales propias de la derecha conservadora y neoliberal

En España, hoy no tiene relevancia la presencia política de la extrema derecha populista, euro escéptica, xenófoba, racista (en próximas colaboraciones incluiré unas reflexiones sobre tal “anomalía”). Pero tal realidad no nos garantiza la gobernabilidad. Deberemos hacer frente a los grandes retos de índole política, económica y social desde un Parlamento Plural, un gobierno en minoría capaz de llegar a acuerdos, y una oposición  que pretenda ser útil sin dejar de ser oposición. De momento seguimos instalados en el aprendizaje y en la  calma chicha. La principal cuota de responsabilidad recae en el gobierno de Rajoy, pero también en la oposición.

Publicado en el Diario de Mallorca (17 de marzo 2017)

 

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