Humo

Venderlo es fácil, incluso lucrativo e inspirador de nuevos caminos. No resulta un ejemplo difícil, sólo aburrido, es tan normal que ya no impresiona sólo produce tedio. Es como la televisión o los partidos de “furgol” o las procesiones de antes de “pascua”. Están ahí, como los toros o la pesca con mosca seca. Son cosas que pasan, y es el mundo el que después dirá.

¿A dónde queremos ir? En pleno resurgimiento de la fiebre eco/bio, sostenible, estamos conviviendo con la corrupción más importante desde la época que destrozo el imperio de los de Rómulo y Remo. Todas las civilizaciones han caído a consecuencia del éxito. Recordemos a Nerón o a Stalin, y muchos más, incluso muy próximos como algún local elegido (antes con bigote) democráticamente gracias a la maravillosa transición que llevamos prolongando más que la impuesta dictadura. Son cosas que suceden, somos eventuales.

El suceso de la capital de Britania indica el grado de alarmismo al que estamos sometidos. Que se trata de algo trágico, indeseable, no esperado, nadie lo debe negar. Pero por desgracia son comunes en países con tradición, civilización y cultura

Encuestados, inquiridos descendientes, investigados investidos instaurados el léxico de mi sistema ya no soporta tantos términos, para tratar de abreviar defensores de sistemas que no los soportan y por eso los vulneran.

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