Jaque a nuestro bienestar

El crecimiento económico es condición sine qua non para que pueda darse un bienestar equilibrado de la ciudadanía, pero no es condición suficiente. La economía, especialmente la macro, no es neutra. Todos nos mostramos satisfechos por nuestros índices de mejora en la creación de empleo, pero a su vez manifestamos inquietud e insatisfacción por su baja calidad y su temporalidad. Todos nos alegramos del crecimiento sostenido de nuestro PIB, pero a su vez constatamos una creciente desigualdad de oportunidades en el acceso a los bienes y recursos, así como en las posibilidades reales de poder desarrollar nuestras expectativas personales y vitales.

Más allá de las buenas perspectivas macroeconómicas, la realidad es que para amplísimos segmentos de nuestra ciudadanía el derecho al acceso a unos índices aceptables y estables de bienestar individual y familiar cuanto menos, siguiendo el símil del ajedrez, está sufriendo un ataque todavía no de jaque mate, pero…

El problema, el interrogante, es si tal situación personal, familiar y social, marcada por la inestabilidad y la falta de perspectivas para amplios segmentos de la población (véase clases medias en franco retroceso y los jóvenes), es una realidad coyuntural y que por tanto puede revertirse o es estructural y que en consecuencia, podrán producirse determinadas mejoras de índole individual fundamentadas en la meritocracia y/o en el sálvense el que pueda.Hace décadas que los índices de bienestar de una sociedad, especialmente en países desarrollados como el nuestro se establecen (o se deberían establecer) por indicadores más amplios y complejos que los simples Índices cuantitativos.

Los fundamentos de bienestar, los indicadores de una (presente y futura) sociedad cohesionada, deben incluir los niveles de importancia y satisfacción que reflejan los ciudadanos respeto a sus entornos vitales, de convivencia, participativos, medioambientales…La realidad es que los ciudadanos/as de nuestra Comunidad, aún reconociendo la mejora “cuantitativa” de nuestra macroeconomía sigue estando relativamente pesimistas o cuanto menos perplejos en referencia a un futuro (incluido el próximo) respecto a índices cualitativos (y también cuantitativos) de bienestar y de oportunidades. Tales resultados referidos a Balears pueden consultarse en Quaderns Gadeso (www.gadeso.org)

El bienestar supone evidentemente tener cubiertas las necesidades básicas, pero la calidad de vida supone además poder tener acceso a “bienes” no sólo cuantitativos. Expongo dos ejemplos simples pero reales. Un íntimo amigo, ya fallecido, hacía hincapié en el alto valor de bienestar y de calidad de vida que significaba el poder gozar durante todo el año de la posibilidad de plantarse en un lugar a tiro de piedra donde poder darse un baño en aguas cristalinas y tomar un aperitivo en la terraza del hotel Bendinat. O, a la inversa, la insoportable saturación (vocablo políticamente incorrecto) en determinadas áreas naturales y medioambientales, infraestructuras, equipamientos, servicios… los meses de ocupación turística hiperintensiva.

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