Jeremy Corbyn and Pedro Sánchez

Mañana jueves día 8 de junio tendrán lugar las elecciones generales del Reino Unido de 2017, en la que cada una de las 650 circunscripciones parlamentarias elegirán un miembro de la Cámara de los Comunes, la cámara baja del Parlamento Británico. Elecciones en las que tanto la actual primer ministro Theresa May como el líder laborista en la oposición Jeremy Corbyn se juegan su porvenir político.

Las encuestas de la primera quincena del mes de abril (coincidiendo con el inicio de la campaña de las primarias celebradas por el PSOE en España), le daban a la conservadora May una ventaja de más de 20 puntos sobre Corbyn lo que le garantizaría una aplastante victoria electoral y un fuerte mandato personal con una mayoría de 100 diputados en el parlamento para las negociaciones del Brexit que comienzan el 19 de junio y un fuerte descalabro del aspirante laborista Jeremy Corbyn.

La primer ministro sigue siendo la favorita pero los dos meses de campaña y sus desesperadas y poco afortunadas propuestas han erosionado su imagen al punto que algunos sondeos le dan una flaca ventaja de apenas entre 1 y 3 puntos, a la vez que le vaticinan una contundente derrota en la capital Londres. Sondeos, que están provocando provocan el pánico entre los conservadores, que predicen una mayoría menor a los 17 escaños que tenía al convocar a elecciones, con dos escenarios catastróficos: que directamente pierda la mayoría en la cámara o que, aún peor, sea derrotada por los laboristas, fin de su carrera política.

La frase “Periodismo es publicar algo que alguien no quiere que publiques” según dijo George Orwell se ha cambiado por la frase de “periodismo es publicar lo que no quieren que publiques manipulándolo para tratar de hacer que otros piensen como tú y así vender más periódicos” al que se han apuntado todos los periódicos que dependen de entidades financieras, bancos y demás, a lo que hay que sumar “A no ser que te pillen una cuenta en Panamá” como diría Juan Luís Cebrián.

Desde el comienzo de las primarias del PSOE (y hasta después) se emplearon todo tipo de insidias, infundios, las más bajas tretas vomitadas por los maledicentes, los chupamedias (persona que intenta ganar el favor de otra comportándose de forma zalamera y servil) , los periodistas peseteros (que da mucha importancia al dinero y aspira a ganar el máximo a través de su oficio o de su profesión, sea como sea), por los comentaristas de bares de mala muerte, de tertulias de baja estofa, por los augures de cenáculos y mentideros donde algunos trasnochados, apolillados y vendidos analistas aspirantes a tener al menos un acierto en su vida, aunque sea solo uno, una vez en sus vidas, llevan años bañándose en el estercolero de sus propios detritos, dirigidos con malsana insistencia hacia el mismo blanco, hacia Pedro Sánchez.

Estos remedos (imitación de una cosa, especialmente si la semejanza no es perfecta o resulta grotesca) de periodistas atacaron a Pedro Sánchez diciendo que tenía algunas similitudes con sus colegas francés y británico. Estos ataques se produjeron tras el descalabro del candidato socialista a la presidencia de Francia, Benoit Hamon (quinto en la primera vuelta con un escaso 6%) y, sobre todo, con los malos augurios de las elecciones británicas del 8 de junio, en las que las encuestas auguraban un fracaso del candidato laborista Jeremy Corbyn, recordando que, en ambos casos, los líderes socialistas ganaron las primarias de sus partidos respectivos con propuestas radicales, sin conseguir el apoyo posterior de los electores.

Pedro Sánchez ganó las primarias de su partido con una holgada mayoría, más del 50% de los votantes, a pesar de lo cual hubo periódicos que siguieron vomitando bilis, como el editorial de El País del lunes siguiente a la aplastante derrota de su candidata Susana Diaz, así decía: “Finalmente España ha sufrido también su momento populista. Y lo ha sufrido en el corazón de un partido esencial para la gobernabilidad de nuestro país, un partido que desde la moderación ha protagonizado algunos de los años más prósperos y renovadores de nuestra historia reciente. Lo mismo le ocurrió en los meses pasados al socialismo francés, que se encuentra al borde de la desaparición de la mano del radical Benoît Hamon. Y un desastre parecido se avecina en el laborismo británico, dirigido por el populista Jeremy Corbyn. Sería ilusorio pensar que el PSOE no está en este momento ante un riesgo de la misma naturaleza. En todos los casos, la demagogia, conocida en Podemos o Trump, de los de abajo contra los de arriba se ha impuesto a la evidencia de la verdad, los méritos y la razón. Debemos asumir que esto nos sitúa ante una situación muy difícil para nuestro sistema político”. La verdad, los méritos y la razón de los corruptos.

A mediados de abril todos predecían que el partido de Jeremy Corbyn sería pulverizado y perdería unos 50 escaños o más de los 232 que tiene hoy. Dos meses de campaña han servido para dejar con las vergüenzas al viento a los falsos augures, y hundidos en sus propios detritus. El laborismo ha ido presentando propuestas concretas de izquierdas (nacionalización de los trenes, de los servicios energéticos y del agua, una fuerte inversión en salud, en educación y en vivienda, eliminación de las matrículas universitarias) acompañadas con un documento adicional que explicaba cómo serían financiadas (impuesto al 5% más ricos y a las transacciones financieras, combate a las guaridas fiscales y la evasión). Al mismo tiempo Corbyn ha hecho un partido mucho más abierto y cercano a la clase trabajadora y a los jóvenes y ha prometido que no dejará que las élites liberales tomen las decisiones desde arriba.

Espero que mañana las encuestas se tornen en realidad, o como diría Mafalda: “No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta”.

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