La Constitución y el traje de la Cenicienta

Los cuentos de nuestra niñez pueden servirnos para iluminar los cuentos  y los dramas de la actualidad. Estos días celebramos el aniversario de la Constitución Española y mira usted por dónde me ha venido la imagen que ilustraba La Cenicienta (La Ventafocs) en una edición de cuando era niño: vestida con harapos, llenos de remiendos y zurcidos, con el delantal recogido en la cintura, y llevando un pozal y una escoba en sus manos. No había nada de glorioso en ella, daba pena y nos hacía llorar con el maltrato que le daba su madrasta e hijas.

Me pregunto por qué esta asociación Constitución-Cenicienta. Tal vez será porque nuestra Constitución también ha sufrido malos tratos de unos y de otros, de madrastras y hermanastras, políticos y gobernantes…Se ha usado y desgastado con el tiempo, igual que las ropas de Cenicienta. El tiempo no perdona. La sociedad avanza y lo que fue bueno en su momento ya no lo es en la actualidad.

La Constitución necesita una revisión, una puesta al día, un cambio, un remozamiento, o  mejor, necesitamos otra Constitución. Como la Cenicienta que necesitó, entre otras cosas, un traje nuevo para poder ir al baile de Palacio y ser conocida por un Príncipe Azul para después ser muy felices.

Pero Cenicienta tenía un Hada Madrina. En nuestra realidad española no la hay. Tenemos que abandonar el cuento, abrir los ojos y darnos cuenta que corresponde a nuestros legítimos representantes dar los pasos necesarios para el cambio de la Constitución, que en su tiempo fue buena y oportuna, pero que ha quedado obsoleta.

¿Estarán nuestros representantes a la altura de las circunstancias, tendrán la suficiente generosidad y clarividencia como la tuvieron los Padres de la actual Constitución? Tendrán que dialogar mucho, consensuar  muchísimo y escuchar a todos. No pueden seguir los remiendos y los parches improvisados. Tienen que coger al toro por los cuernos, con perdón de los anti taurinos, echándose antes al ruedo y lidiar con arte y gracia por el bien de todos.

Tal vez no encontremos un Príncipe Azul, ni siquiera un príncipe…pero sí un poco más de bienestar para más gente.

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