La crisis ha sido un éxito

Me contraría profundamente escuchar las quejas de esa caterva de empresarios ruines que depositan sobre las espaldas de sus empleados la responsabilidad de todo cuanto de aciago les acontece a ellos y al propio negocio. Ni aunque les cuelgues por ello alcanzan a ser capaces, cuando menos, de repartirse salomónicamente las culpas entre ambos dos; que, después de todo, sería lo más lógico en una relación contractual como esa. Quiero pensar que no es una conducta demasiado común en Mallorca, un territorio cuyo tejido empresarial, mal que bien, me jacto en conocer a medias; ni tampoco en la piel de toro. Pero, aun así, no es difícil darse de bruces con determinados sujetos cuya desfachatez supera cotas difíciles de alcanzar allende la cuenca mediterránea. Y es que en la mente de todos continúa todavía muy fresco el recuerdo de aquel infame empresario, hoy en prisión, que pronunció a la ligera una frase que se hizo viral en aquella época y que resume, con una docena de palabras, a toda una generación de mangantes de guante blanco: “sólo se puede salir de la crisis trabajando más y cobrando menos”.

No cabe duda de que, porcentualmente, el máximo damnificado por el poco menos que regular estado del mercado de trabajo actual, pero sobre todo por el pauperismo reinante de un tiempo atrás a esta parte, al menos económicamente hablando, ha sido el emprendedor. Eso yo no lo voy a negar porque entre otras cosas, como que simple y llanamente nada me perturba más que quedar en evidencia, sería una desfachatez por mi parte que acabaría pasándole factura a mi credibilidad como observador de la realidad social contemporánea; figura ésta que, dicho sea de paso, artículo tras artículo intento humildemente forjarme. Sin embargo, en esa suerte de recuperación económico financiera ahora en boga, no sería de recibo dejar de lado a la parte más débil de la ecuación que nos ocupa, es decir, a la clase trabajadora.

Puede alcanzar a ser de una estupidez supina, propia del mayor majadero de todos los tiempos, creer que el mundo se mueve sólo a rebufo de unos pocos privilegiados, escogidos por el altísimo o quien quiera que crean que se moleste en hacer algo así. Será por tal cosa, probablemente, que cada día que pasa disminuye la fe entre los que no tuvieron la suerte de ser bendecidos por la gracia divina. Que intenten que sea así o lo pretendan, es otra cosa muy diferente.

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