La democracia participativa de las narices

Que me expliquen eso de la democracia participativa. Esa que dicen que profesan algunos partidos políticos, y especialmente el PSIB, Més y Podemos. Que me la expliquen. Todos, morados incluidos, funcionan aparatosamente. El PSIB, directamente, es el partido de las sectas; cuando una secta crítica se siente fuerte ataca a la secta oficial para derribarla, como acabamos de ver. Eso no es excepcional; simplemente ha sucedido en el ámbito estatal lo que viene sucediendo en ese partido en sus diferentes ámbitos territoriales desde hace décadas. Al alcalde Ramón Aguiló, posiblemente el mejor que esta ciudad ha tenido, sus excompañeros de religión política lo arrinconaron de mala manera como si fuera un apestado, simplemente porque la secta del momento —la de Antich, March y Armengol— no comulgaba con lo que Aguiló sostenía; a la USP (Unión de los Socialistas de Palma), hará ahora unos diez años (no recuerdo bien) la disolvió el gran Pepiño Blanco siguiendo las instrucciones de Antich y Armengol simplemente porque no les gustaban las conclusiones amplia y mayoritariamente aprobadas en una conferencia política en la que no pudieron manipular a la militancia como a ella y a él les gustaba y les gusta. En resumen, las sectas socialistas han funcionado siempre así. Y los que mandan no integran a sus adversarios ni muertos, excepción hecha de las integraciones cosméticas contadas con los dedos de una mano… o con los dedos de una oreja en la mayoría de ocasiones.

Vamos, que la democracia participativa es participativa siempre que le lamas lo que haya que lamerle a la sectaria (perdón, quise escribir ‘secretaria’ pero no sé cómo borrar lo escrito) general para que no te ignoren o te hagan la vida imposible. Si lames bien hasta pueden hacer asesor a tu hijo en la conselleria de Trabajo, aunque tu hijo esté sobradamente carente de méritos, formación y experiencia.

Més nos ha dado también minuciosas muestras de que sus batallas internas también consisten en lo mismo: o estás con el aparato o no estás, aunque es justo reconocer que en el caso de los nacionalistas de izquierda (a ver cómo se come eso filosóficamente) el asunto es bastante más suave que en la sectaria colonia balear del PSOE.

Podemos… ¡Ay Podemos! Esos rifirrafes soterrados entre Errejón e Iglesias apuntan a más de lo mismo, la más pura tradición de la izquierda: darse de navajazos hasta que tu participación se reduzca a las intervenciones orales que puedas hacer en una asamblea cada seis meses.

Y ya, para terminar de rematar la película, que me digan por qué la democracia participativa y asamblearia no lo es en sus conclusiones. Me explico: si en una asamblea del PSOE sus militantes aprueban, pongamos que con un 80% de apoyos, votar no a Rajoy, y el 20% restante opta por la abstención, la participación asamblearia exigiría que el 20% de sus diputados (17 en el caso que nos ocupa) se abstuvieran. Pero no, si el 51% vota una opción, todos sus diputados deberán apoyarla —con ese porcentaje ganó el muy demócrata Xisco Antich un congreso y pasó acto seguido a ignorar, perseguir y disolver al 49% que no le apoyó—.

En definitiva, si te abstienes o no comulgas con tus jefes, tu opinión, por muy apoyada que esté, te la comes. Te callas y te la comes, que esto es participativo.

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