La gente

Según Podemos, estaba la casta y la gente. Por un lado, políticos corrompidos por el poder; y, por el otro, ciudadanos de bien cuyo acceso a las instituciones serviría para limpiar la vida política de este país. Un año y medio después de entrar en el Parlament balear y convertirse en llave de gobierno, los expedientes abiertos por la propia formación a varios de sus miembros y los mensajes en su grupo interno de Telegram tumban esa premisa. La utilización de cargos públicos para conseguir tratos de favor en beneficio personal a cargo del erario público, acciones que podrían suponer delitos de tráfico de influencia y cohecho según el propio partido, demuestran como lo peor de la política puede surgir en cualquier lado, más allá de partidos, ideologías o de quién sea la gente.

Amenazar con tumbar unas cuentas públicas que implican a un millón de ciudadanos para tratar de beneficiar unos intereses particulares es un nítido ejemplo de la pérdida de la pureza y virginidad política. La gravedad de los hechos se eleva cuando provienen, entre otros, de la persona en quien confió Podemos para ocupar la silla de la presidencia del Parlament que puso entre sus condiciones para dar su apoyo al PSOE, Xelo Huertas. No es que al partido se le colara por la puerta de atrás, hablamos de una persona de peso dentro de la organización; que además, según han revelado los mensajes del Telegram interno de la formación, en muchos momentos estuvo respaldada en bloque por la cúpula en las maniobras de conseguir mantener los privilegios de su compañero de filas.

“Quiero luchar contra unas maneras de gobernar para beneficio de unos pocos con la excusa de que no es posible otra manera de hacer política. ¡No es cierto!”. Así se presentaba Huertas como miembro del Consejo Ciudadano de Podemos. La distancia de la realidad no hay que malinterpretarla: no es que se haya convertido en casta, es que la gente es así. La gente intenta ayudar “a un compañero”. La gente se equivoca. La gente quiere el bien, pero no siempre lo comprende. La gente comete sus pequeñas corruptelas diarias. La gente es egoísta. La gente no es ni pura ni inmaculada. La gente vota a Trump.

Más allá del ruido, de las acusaciones cruzadas y de los rifirrafes personales dentro de Podemos, que el partido haya actuado frente a actitudes de dudosa higiene política, si bien supone el darse de bruces contra la realidad de la gente, también representa el sacrificio del aura y del discurso en favor de la honradez. Pero también, más allá del ruido, que las cuentas de la sanidad, de la educación o de los servicios sociales acaben pendiendo de un hilo por caprichos de la gente, hoy conocidos pero tal vez otro día no, es motivo de preocupación.

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