La pena de llamarle indecente

Indolente, vago, apático, desidioso, abandonado, perezoso, gandul, haragán, remolón,  poltrón, tumbón, subido a  la columna del poder, según le representan las caricaturas que hacen de él, Puerta de Alcalá “Un travesti perdido, un guardia pendenciero, pelos colorados, chinchetas en los cueros, rockeros, insurgentes, modernos, complacientes poetas y colgados. Y ahí está, ahí está, la Puerta de Alcalá. Ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá”, cual esfinge impertérrita ante las penurias, las desigualdades, los sufrimientos del pueblo español.

Cualquiera de los epítetos le cuadra perfectamente al actual inquilino en funciones del Palacio de la Moncloa, y presidente de un gobierno autista y hedonista.

¡Se preguntarán a cuento de qué viene recordar esto a estas alturas del partido!

El pasado martes en el programa Tot 4 de Canal 4 saqué a relucir que Pedro Sánchez le había llamado indecente (Se aplica a la persona que se comporta de una manera contraria a la justicia, a la verdad y al honor) en el debate cara a cara que  protagonizaron a raíz de las pasadas elecciones generales.

Pues bien los  otros tres participantes se pronunciaron en contra de la actitud de Pedro Sánchez, hasta llegar a decir que en sede parlamentaria se entendería pero no en un programa de televisión, salí con  la duda de si consideraban más respetable la televisión que la tribuna del Congreso de Diputados y de si se acordaban de la actitud chulesca y faltona de Mariano cuando estaba en la oposición y hasta en la contestación a Pedro Sánchez.

Mariano no desaprovechó para hacerse el ofendido, pero muy ofendido, cual vecina, tipo maruja de patio de vecindad que se pelea con otra vecina y se siente ofendida porque le ha dicho que su hijo pequeño no lleva la raya de los pantalones bien planchada, por ejemplo, o como una niñata pija y malcriada, consentida, maleducada y repelente,  llorado a moco tendido porque no le compran el ifhone de moda.

Puro teatro, Mariano Rajoy siguió en sus trece: “No estoy dispuesto a que se me insulte y se ponga en duda mi honorabilidad”, y mintió como un bellaco cuando dijo: “No he visto algo así en mis 30 años de vida política”.

A la patética y deleznable indolencia, vagancia, apatía, desidia, abandono, pereza, gandulería, haraganería, de la que hace gala por lo visto hay que añadir su mala o engañosa memoria selectiva, y su forma de mentir patológica.

Entre los insultos que el Mariano en cuestión (que no quiere ni recordar ni que le recuerden) le propinó en sede parlamentaria y a título solo indicativo, al entonces presidente José Luis Rodriguez Zapatero podemos recordar los siguientes: “bobo solemne”, “cobarde sin límites”, “antojadizo, veleidoso e inconsecuente”, de tener una “desfachatez sin límites”, “irresponsable”, “grotesco”, “frívolo”, “acomplejado”, “confuso”, también acusó al presidente socialista de tener “mala conciencia”, de chalanear “con los terroristas”, de tener “la cabeza de adorno”, de “indigno”, de “cobarde”, de perdedor complacido”, de dar “coces”, de comportarse como un “hooligan británico”, de “radical, taimado y maniobrero”, de hablar “en batasuno” , de “chisgarabís”, de “insensato”, de faltarle “criterio y opinión”, de “ambiguo, impreciso, débil e inestable”, hasta agregar  el insulto que le lanzó cuando le acusó de traicionar a las víctimas de ETA.

Especial mención merece el insulto del candidato Rajoy al todavía candidato Zapatero, el 5 de marzo de 2004, cuando pidió a los españoles que no votasen al socialista porque “hay que evitar que La Moncloa caiga en manos de inexpertos e irresponsables”.

Y se puso como una basilisco porque se le dijo que él se comportaba de una manera contraria a la justicia, a la verdad y al honor, ¿acaso no es verdad?, ¿acaso hay alguien que sea capaz de decir que no es una buena definición de cuál ha sido su actuación durante los últimos cuatro años?, ¿cómo catalogar mejor que como una verdadera indecencia la actuación de su gobierno?.

Su réplica, más bien barriobajera, fue calificar el comportamiento de Pedro Sánchez en el propio debate como de  “ruin, mezquino y deleznable”, toda una demostración del poco savoir faire del presidente en funciones, de su filibusterismo político, de su nula altura moral y de su absoluta falta de educación.

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