La tasa turística; un debate necesario

Poco y mal se habla de las tasas turísticas y, cuando alguien lo hace, suele ser algún empresario que pretende demonizarlas basándose en sus propios miedos, inseguridades e ignorancia, sin hacer un análisis más allá de un catastrofista “acabarán con el turismo en Ibiza”

 

Pero, ¿qué es exactamente una tasa turística? Es básicamente un impuesto que se recauda para crear un fondo destinado a fomentar el turismo, conservar el patrimonio y proteger el medio ambiente. Es decir, que el dinero que el visitante aporta mediante ese pago concreto repercute de forma positiva en los propios turistas y en el territorio.

 

Básicamente se aplican dos tipos:

 

1. Por pernoctación. Se paga en el alojamiento una cantidad en función de la categoría del hotel  y el número de noches. Normalmente, se paga un máximo de siete noches, y, a partir de esta cifra, las noches de más que se pasen en el establecimiento están  exentas. Los menores de 16 años también suelen estar exentos. Esta fórmula es la utilizada en ciudades como Roma, Paris, Berlín o Barcelona.

2. Por traslado. Se cobra una cantidad por trayecto en avión, una cantidad que varía por la distancia volada o si el vuelo es doméstico o internacional. Es el ejemplo de Alemania, donde la tasa es de ocho euros para vuelos nacionales, 25 en vuelos europeos o 45 en vuelos de larga distancia.

 

Hay diversas fórmulas, a la que podríamos añadir la tasa sobre la entrada de vehículos que quiere aplicar Formentera, que ayudaría a solucionar el problema de la gran saturación de coches que se produce durante los meses de verano. También se podrían aplicar tasas indirectas sobre actividades y establecimientos turisticos por su especial impacto o por desarrollarse en el dominio público o en espacios naturales.

 

Cada isla, cada lugar del mundo, que reciba un número considerable de visitantes, debe encontrar su propia fórmula. Pero iniciar el debate sobre la idoneidad de aplicar una tarifa turística es completamente necesario. Inevitable. No hay que tener miedo a aplicar un impuesto que beneficie a la isla, reacudado y gestionado desde Eivissa; sólo hay que buscar el que más nos conviene. Eivissa no puede seguir consumiendo recursos al ritmo que lo hace actualmente sin poder contar con un fondo de recursos generados por el propio turismo que lo haga sostenible.

 

Sin ir más lejos, y por tomar un ejemplo cercano, Catalunya aplica una tasa turística por pernoctación desde el año 2012, y ésta le reporta unos 40 millones de euros anuales. Para 2015, la previsión de ingresos por esa tarifa es de 44 millones.

El año que entró en vigor, Catalunya recibió 15.5 millones de turistas extranjeros y ha cerrado 2014 con 18.3 millones (un 18% más).

 

Algunos dirán que las tasas turísticas nos harán menos competitivos y desviarán a los visitantes a lugares como Túnez, Italia o Croacia, ejemplos que son competencia directa de Eivissa. Pues bien, esos y otros muchos destinos más ya aplican y se benefician, a día de hoy, de una tasa de estas características.

 

Imaginad los proyectos de conservación de nuestro entorno que podríamos llevar a cabo con el aporte de estas tasas. Invertir en conservar la isla y mejorar nuestra oferta es lo que de verdad nos hará competitivos.

 

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