La Unión Europea contra los Derechos Humanos

El preacuerdo alcanzado por los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE y el Gobierno turco los pasados días 7 y 8 de marzo sobre los refugiados evidencia, una vez más, la absoluta falta de sensibilidad y de responsabilidad, así como  la ausencia de una política europea en materia de asilo y refugio. Un preacuerdo que se produce en el mismo día que la OTAN inició sus acciones de vigilancia en el Mar Egeo, entre las costas de Turquía  y las islas griegas, una actuación que puede significar la implicación de la OTAN en acciones ilícitas al servicio de la UE. Y hablamos de ilegalidad, porque el preacuerdo adoptado no es solamente criticable desde un punto de vista político y ético, sino que es manifiestamente ilegal: vulnera la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados (1951), suscrita por  todos los Estados miembros de la UE, que obliga a los firmantes a acogerlos en condiciones que garanticen su subsistencia, dignidad y derechos. Viola igualmente el Convenio Europeo de Derechos Humanos del Consejo de Europa, que prohíbe expresamente las expulsiones colectivas de extranjeros, así como la Carta de Derechos Fundamentales de la UE, que compromete a la UE y a sus Estados miembros a respetar los derechos establecidos en las dos normas jurídicas mencionadas.

El preacuerdo clasifica a los refugiados  como “nuevos inmigrantes irregulares”, los cuales serán retornados a Turquía, y dice textualmente que por cada sirio admitido por este país, se reasentará a otro sirio desde Turquía en los Estados miembros. A los refugiados de otros países, ni se les menciona. La recompensa que recibirá el amigo turco es cuantiosa: 3.000 millones y una financiación adicional por un importe similar, acelerar la adhesión de Turquía  la UE, así como anticipar el procedimiento de liberalización de visados  de sus ciudadanos para entrar en la UE (lo cual puede facilitar la emigración irregular).

Una afirmación que sorprende en el preacuerdo es cuando manifiesta que “ahora han cesado los flujos irregulares de migrantes a lo largo de la ruta de los Balcanes Occidentales”. Pero una lectura más reposada delata que esto supone bendecir las decisiones unilaterales de los países balcánicos y centroeuropeos de levantar barreras fronterizas y vulnerar así el Acuerdo de Schengen para impedir el tránsito de refugiados. El texto también  menciona respaldar a Grecia y hacer cuanto esté en nuestra mano para ayudar a gestionar la situación que se ha producido, pero no se concreta en absoluto en qué consistirá esa ayuda. El preacuerdo concluye diciendo que “el presente documento no establece ningún nuevo compromiso para los Estados miembros por lo que a reubicación y reasentamiento se refiere”. En otras palabras,  pasa por alto la negativa de no pocos países a aceptar los acuerdos del Consejo sobre la distribución de los refugiados entre los Estados miembros y el absoluto fracaso del procedimiento: 600 reasentados de un total de 160.000.

Y por si todo ello no fuera suficientemente grave,  el preacuerdo respalda a un gobierno turco que viola de forma reiterada los derechos humanos fundamentales, la libertad sindical, la libertad de prensa y de expresión. Se intenta impermeabilizar la frontera, externalizando el problema, lo que no veo no existe. Estamos ante  un preacuerdo  que constituye un nuevo  escalón en una política errática, y supone además un mazazo en la construcción del proyecto europeo.

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