Las cuevas ideológicas

El Papa Francisco, en la entrevista que el periódico El País publicó el pasado 22 de enero, nos advertía del riesgo que corremos todos de refugiarnos en “las cuevas ideológicas”. Preguntado por los periodistas a quienes concedió la entrevista a qué se refería y que le preocupaba al respecto respondió: “Me preocupa, no. Señalo realidad. Uno siempre está más cómodo en el sistema ideológico que se armó, porque es abstracto.” Un poco más adelante y contestando a otra pregunta añade: “Siempre en el restorán de la vida te ofrecen platos de ideología. Siempre. Uno puede refugiarse en eso. Son refugios, que te impiden tocar la realidad.” (pg. 3).

A mi entender, e interpretando las respuestas del Papa Francisco, las cuevas ideológicas son los muros que muchas veces nos separan los unos de los otros, también son los cuartos oscuros donde nos encerramos para para empecinarnos con nuestra verdad y que nos impide dialogar con los que piensan y opinan diferente de nosotros; así vivimos alejados de la realidad plural y rica que nos rodea.

Más adelante (pg.5), y preguntado sobre la laicidad en España, da una respuesta muy rica y muy interesante para la actual situación española. “Diálogo. Es el consejo que doy a cualquier país. Por favor, diálogo. Como hermanos, si se animan, o al menos como civilizados. No se insulten. No se condenen antes de dialogar. Si después del diálogo quieren insultarse, bueno, pero por lo menos dialogar. Si después del diálogo se quieren condenar, bueno… Pero primero, diálogo. Hoy día, con el desarrollo humano que hay, no se puede concebir una política sin diálogo. Y eso vale para España y para todos. Así que si usted me pide un consejo para los españoles, dialoguen. Si hay problemas, dialoguen primero.”

Glosando la respuesta del papa, el diálogo es la única salida de las cuevas ideológicas y el camino dónde nos podremos encontrar para construir entre todos una sociedad más justa y sin discriminaciones de ninguna clase, ni por ningún motivo. Los dialogantes se tienen que respetar, acoger y mirarse cara a cara y a los ojos. Y sin violencia, ni subterfugios: “que no tiren la piedra y escondan la mano, eso no. A eso no tiene derecho ninguna persona humana. Tirar la piedra y esconder la mano no es humano, eso es delincuencia.” (pg.4).

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