Las trancas de Susana Díaz

Perplejo me tiene que una socialista hasta las trancas como Susana Díaz apoye orgullosa la presentación de su candidatura a la secretaría general de su partido con sinvergüenzas (no les da ninguna vergüenza su pasado) del calado de Felipe González —mamporrero del millonario Slim—, del hermano de Juan Guerra —un tal Alfonso—, y de figuras como Rubalcaba, Zapatero o José Bono. De hecho, me sorprende que no esté allí presente Xisco Antich.

Me deja perplejo que, como decíamos, el capital político más ideológico exhibido por el equipo de la sultana es que doña Susana es “socialista hasta las trancas”, que vaya usted a saber lo que son las trancas y dónde las tiene doña Susana. Las trancas esas de doña Susana deben ser las que han propiciado que la buena individua no haya dado un palo al agua ajeno al mamoneo político —o sea, como Francina Armengol, pero en exagerado—, y serán esas trancas también las que han soliviantado en su contra a buena parte del sector profesional sanitario más progresista de Andalucía. Que la candidata diga que su partido necesita una renovación y se apoye en los fósiles arriba mencionados mueve a las lágrimas, pero de risa.

Podríamos pensar que la cosa no tiene tanta importancia porque hay otros dos candidatos; que hay dónde elegir, vaya. Y entonces también lloras, pero esta vez de pena.

Don Patxi López es otra antigualla típica del PSOE, tan trufado de personajes que no han hecho otra cosa en su vida que medrar al amor del tejemaneje político y no en base a sus cualidades profesionales, culturales o formativas. Don Patxi lleva treinta y tres años, que se dice pronto, chupando del bote, y por lo que se ve el bote le gusta demasiado.

El tercero es Pedro Sánchez, al que con la excepción de unos meses de profesor interino universitario —condición a la que se accede gracias al correspondiente dedo amigo— sólo se le conoce medrando en política; y claro, quiere seguir, nos ha fastidiado. Pedro Sánchez se queja del deficiente manejo del censo de militantes que la gestora de su partido le está permitiendo, presuntamente —y claramente— en favor de la sultana sevillana, manejos que él permitió cuando era el máximo responsable de su partido. Los aparatos socialistas, durante toda su historia, han decidido por sus compañeros, y cuando éstos han decidido en contra, como ocurrió con la candidatura de Borrell a la presidencia del Gobierno o con la ejecutiva de Ibiza que no gustaba a Armengol, el aparato correspondiente se ha encargado de anular esas decisiones de forma artera o contundente. Vamos, que Pedrito no debe quejarse demasiado de la práctica de unos métodos que él conoce perfectamente.

Nuestra chica, Armengol, ha reducido notablemente su pasión por Sánchez y, convenientemente, su animosidad contra Susana Díaz. Francina sabe que Susana cuenta con todos los apoyos necesarios —los tradicionales que ella bien conoce—, de manera que en solo unos meses, o días, estará cantando las excelencias de las trancas se Susana Díaz, al tiempo.

Lástima que las siglas PSM ya estén cogidas, porque al Partido Socialista Mediocre le iban que ni pintadas.

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