Lo del Parlament

Noticias, imágenes, debates, opiniones, chistes y burlas, informes, votaciones, ausencias calculadas, amenazas y toda clase de miradas, expulsiones, propuestas y presiones, comidas discretas pero filtradas a la prensa, charlas de bar y casi de todo lo imaginable en tiempos de paz hemos visto al ritmo de un lío cuya influencia real en la sociedad a la que se deben los diputados parece ínfima. Si a lo dicho añadimos que el cargo en disputa, por lo mucho que inmoviliza, ha sido y sigue siendo rechazado por los que realmente cortan el bacalao en los partidos políticos importantes y que la destitución de Huertas se ha oficiado en cuanto el fantasma del delito se ha cernido sobre las cabezas de los filibusteros, no es extraño que la sorpresa cuando estalló el conflicto haya sido superada con creces por el estupor ante el comportamiento de unos parlamentarios que, con tal de aprovechar un traspiés del contrario, han apostado su credibilidad, ya quebrada, a una carta marcada.

En esta fase de bloqueo y dado que ni decadentes ni emergentes se atreven a osadías que mejoren las normas de un escenario caduco, deben ser los espectadores quienes arriesguen ideas para que los actores las lean y, si no rompen a llorar, al menos rían.

Una solución para llenar el hueco presidencial podría ser que la mayoría que gobierne cada vez decida ceder ese cargo a la minoría opositora y ésta lo acepte, que no sería pequeño el sacrificio. Conviene recordar que, una vez convertido en ley, el cinismo deja de ser tal, resulta útil para sobrevivir y modera los excesos del teatro.

De no aceptarse tal componenda propongo que para el puesto se nombre a un robot de los modernos. Deberán cargar en su cerebro artificial los protocolos para plenos y demás eventos institucionales, aunque con cuidado de no insertar al mismo tiempo virus como los de la mentira, la corrupción o la ambición sin medida. De paso, conseguiremos máquinas que sirvan para algo más que lo de enviar al paro a trabajadores inocentes.

A punto de terminar el texto que está usted leyendo aquí y ahora, veo en la pantalla que hay acuerdo sobre Balti, el candidato de Podemos. Tres horas antes la radio del coche me había contado que los del PP estaban dispuestos a proponer uno de su propio partido, como si me hubieran leído el pensamiento, o yo a ellos, que nunca se sabe si fue antes el huevo y perdone mi presunción de culpabilidad por presuntuoso, que se me acabaron las abuelas. De hecho, y mientras espero sentado, Marga Prohens o alguien que se le parece mucho pasa cerca y de rojo “Barberá” vestida toda ella, sin parar de hablar con el teléfono para despistar, o quizás con alguien al otro lado, mientras una nueva noticia indica que la fiscalía solicita que el PP sea condenado, como tal Partido Popular en dos palabras, a pagar 18.000.- € por haberse beneficiado de las corruptelas organizadas por Matas y Rodríguez para conseguir dinero extra e ilegal y así ganar todas las elecciones posibles, de nuevo no sabemos si a la hora del delito fue antes la gallina o qué, la persona o el partido, pues ya pagaron diez o doce mil, creo recordar, condenados por un envío tramposo de propaganda electoral a Ibiza, ¡de cuantas condenas no se habrán librado!. A estas alturas ya toca preguntarse el número de veces que debe reincidir un culpable para ser suficientemente condenado, o disuelto si se trata de un partido político que con malas artes ha disfrutado durante decenios de más poder del que le correspondería con la ley en la mano, y para seguir robando.

Por cierto, y ahora que el Pisuerga pasa por el Mediterráneo, hay que reconocerle ojo populista a la “popular” recientemente fallecida y hace cuatro días laureada con el mérito municipal. Nunca dudé que se decoraba mayormente de rojo para tocar la fibra no consciente de la izquierda hortera valenciana pues, de lo contrario, sus absolutismos electorales no tenían explicación ni con tanto abuso de dinero negro. Y hablando de tantos, tanto nos engañó que hasta el misterio de su muerte lo ha tenido que desvelar la ciencia: su autopsia acaba de certificar, según filtraciones de confianza, que no fue un heroico infarto en denodada lucha contra las “hienas” insultadas por Rafael Hernando lo que la llevó a la tumba, sino una humilde cirrosis. Si alguien como yo, que jamás me crucé con ella, sabía de buena fuente lo mucho que Rita bebía de las mejores botellas, que no sabrían sus compinches de esos vicios, tantas veces compartidos. ¿Para qué aquel minuto de silencio y chantaje emocional conscientemente orquestado, que la historia terminará por convertirlo en vergüenza parlamentaria?

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