Los chiringuitos del Trenc y Sa Rápita

Realmente resulta inexplicable que a día de hoy, y me temo que unas semanas más, las playas del Trenc y  Sa Rápita no cuenten sus los servicios básicos. No hay chiringuitos (6), ni hamacas, ni sombrillas, ni…

¿Quienes son los responsables de tal desaguisado? Estoy convencido de que la mayoría cree a pies juntillas que  es la Consellería de Medio Ambiente del Govern Balear, presidida por Viçens Vidal. Él y su equipo, y no otros, son los responsables de obligar a derribar mediante piqueta los chiringos existentes, así como retrasar la concesión de los diversos servicios de playa. Pero no, señores y señoras, el responsable directo (e indirecto) es el gobierno de Madrid, en manos de los populares, titular de la zona pública de Costas, siendo su gestor  el Ayuntamiento de Campos, también en manos de los populares.

La causa es muy simple: los chiringos implantados en el área de playas de titularidad pública (y más si se trata de una área de especial valor natural y medio ambiental) deben ser desmontables. Tal norma estatal no es de recién implantación, en consecuencia debería haber sido lógico que los hasta ahora existentes, construidos con carácter permanente, se hubieran “desmontado” en los meses de temporada baja. Ahora los nuevos, con sus equivalentes servicios, ya estarían vivos y coleando. Hoy por hoy todavía no se han puesto en licitación pública a través del Ayuntamiento.

Quizás ahora puede comprenderse que el Alcalde de Campos no levantara excesivamente su tono de voz. Aunque tarde ha tenido que derruir los seis chiringuitos a cargo de las arcas municipales. También, hace escasos años, tuvo que demoler los 13 bloques de apartamentos de Ses Covetes después de un largo proceso judicial. En su momento fue defensor de la construcción de un hotel de cinco estrellas en Sa Rápita. Ahora muestra desavenencias con los aparcamientos previstos y una oposición frontal a la declaración del Parc Natural.

El Alcalde, valor en alza entre los populares, defiende un modelo turístico “expansivo”. A su favor está el argumento de que Campos, sus ciudadanos, tienen que soportar todas y cada una de las medidas proteccionistas que les impiden un “desarrollo” turístico propio. Otras zonas turísticas de Mallorca, sobrecargadas y saturadas con múltiples actividades turísticas, “venden” ofreciendo como reclamo las áreas naturales de la isla, concretamente el Trenc. Algo de razón tiene, lo que explica su éxito electoral en Campos.

Pero cabría estudiar la implantación de determinadas compensaciones (entre otras a través del Impuesto Turístico, la  execotasa) así como evaluar la posibilidad de otras actividades turísticas (y no turísticas) diferentes de las “habituales”. Sería un error, aunque pudiera suponer momentáneos éxitos electorales, una acción orientada básicamente en “más” explotaciones turísticas en sus áreas de especiales valores naturales, paisajísticos y medio ambientales. Podría concluir, a medio plazo, simplemente en morir de éxito. Podría resultar “pan para hoy y hambre para mañana”.

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