Los líos del jardinero

Mathias Kühn, harto al parecer de que le tomen el pelo, se ha querellado con la dirección de Sa Nostra y contra un tal Juan Nadal y tres socios de éste. Según Kühn entre todos dieron un pelotazo sirviéndose de cuatro solares de Kühn que la caja tenía en depósito. En resumen, una estafa.

El asunto no tendría mayor trascendencia que la que tiene para Kühn si no fuera porque Juan Nadal es el jardinero cuya pareja es Francina Armengol, la sectaria (no es una errata) general del PSIB. La cosa tiene plus de enjundia cuando parece que llueve sobre mojado, dado que el nombre de este señor ya ha salido más de una vez en relación con maneras turbias de ganar dinero.

Entre tanto, doña Francina Armengol se permite ir soflamando filípicas e ir dando lecciones de moral, cuando el principal alumno igual lo tiene más cerca de lo que cree. Es más, resulta ciertamente sorprendente que la sectaria (no es una errata) general del PSIB se permita criticar con tanta carga de moralina a Bauzá cuando las presuntas actividades de éste son menos vergonzosas que las presuntas actividades de su Juan.

En este mundo de la política y los presuntos que rodean a los políticos hemos asistido recientemente a los vergonzosos despistes de doña Ana Mato, la ministra que no se enteraba de la marca del cochazo que su marido tenía en el garaje, que no preguntaba de dónde salían los fiestorros infantiles que montaba, o quién pagaba sus viajes de ocio. Vamos, que iba de mujer por la vida y no preguntaba. Exactamente igual pasa con Armengol; la pobre no se entera de las cosas de su Juan, es que ni pregunta; y, claro, como no pregunta tampoco puede dar explicaciones. Eso sí, cualquier día de estos estará en el comité federal de su partido escuchando invectivas contra Ana Mato, que tendrá la caradura de jalear y hasta de propiciar. O volverá a criticar a Joserra en el Parlament por hacer cosas mucho menos feas de las que le acusan hacer a su Juan.

La última es que, por lo que me cuentan, los críticos con esta manera de actuar que hay en su partido, además de ser sistemáticamente silenciados, ven como los acólitos de doña Francina filtran sus nombres a la prensa para que ésta los arrastre un poco. Una especie de estalinismo light.

Bauzá no podía imaginar mejor escenario, con una jefa de la oposición tan presunta consorte como la propia señora de Bauzá, sólo que contra éste aún nadie se ha querellado.

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