Los no-lugares de Palma

Algunos autores en literatura social tienden a utilizar clasificaciones un tanto ambiguas y poco precisas a la hora de desarrollar  nuevos conceptos o teorías. Aunque esta forma de conocimiento escape a la rigurosidad científica del investigador, no deja de ser útil a la hora de reflexionar y ser comprender el mundo en el que vivimos. Uno de estos conceptos es el de no-lugar. Con éste, el antropólogo francés Marc Augé describe aquellos sitios de tan poca importancia que se muestran incapaces de crear identidad en la gente que los frecuenta. Otros no-lugares serían, por ejemplo, los aeropuertos o los supermercados.

Por desgracia, en Palma hay más no-lugares de los que desearía ninguna ciudad. De todos los que se pueden encontrar en la capital balear, cierto espacio ostenta el dudoso honor de prevalecer por encima de los demás. Se trata de una plaza de fachadas uniformes que se asienta sobre un rectángulo de terrazas de precios noreuropeos. La Plaza Mayor es ese espacio que cruzas cuando vas de Plaza de España a Cort. De ella nacen gran parte de las calles más emblemáticas del centro de la ciudad: Jaume II, San Miguel, Sindicato y Colón. Además, está rodeada de monumentos y lugares de interés que podrían contribuir a que esta plaza fuera un Lugar en toda regla. Sin embargo, no existe un solo elemento en este espacio público que invite a la gente a disfrutar de ella. Ni un banco en el que sentarse a charlar, ni una fuente que contemplar, ni plantas que ofrezcan algo de vida en la gris escena.

Los planes urbanísticos que finalizaron en los años 70 han hecho que este sitio sea posiblemente el lugar con menos encanto de toda Palma. En un álbum de fotos realizado por María Fluxá y publicado en El Mundo aparece en el pie de foto la siguiente descripción de la Plaza Mayor:  “Carente de encanto, pese a haber mejorado con el paso del tiempo, la plaza Mayor de Palma es lugar de paso, pero poco más.”; “No se detenga en la Plaza Mayor y encamine sus pasos hacia el mar […]”. Lejos  de crear un espacio para los ciudadanos, se construyó un triste aparcamiento y un centro comercial horrendo y completamente innecesario.

En los últimos meses parece que ha empezado a haber vida para los autoctonos gracias a la llegada de cadenas hosteleras que ofrecen bebida y algo de comer a precios económicos. Ésta utilización por parte de los residentes no deja de estar ligada a un tema que ha causado controversia en los últimos meses: las terrazas ubicadas en suelo público. Por supuesto que es mejor un lugar ocupado que un no-lugar, pero mejor aún es un lugar utilizado por personas que uno ocupado por clientes.

Hace ya algunos años se retiró el permiso de la Plaza Mayor para acoger eventos de gran aforo debido a la dificultad para realizar una evacuación en caso de que fuera necesario. Este año la Nit de l’Art ha cancelado la muestra que se realizaba en este espacio, dando otro paso más en la desertización de esta plaza.

La explotación turística de Palma se ha encargado de convertir lugares emblemáticos en cementerios de terrazas en el cual los turistas paran a descansar sus sandalias. Sembrado de pizzerías con terrazas de cuarenta mesas, los locales ahuyentan a los autóctonos con precios astronómicos y una calidad que roza el insulto. ¿Cuándo fue la última vez que os parasteis a “disfrutar” de una comida con vistas a las características fachadas amarillas? Tal vez empiece a ser hora de que los ciudadanos de Palma reclamen aquellos lugares que son suyos y que nadie utiliza.

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