Mala para Marratxí, buena para el Parlament

La política balear es digna de la indiferencia ciudadana. Sin embargo, dado que esos mismos políticos indignos de nuestra atención son los que nos cobran los impuestos, más vale que les prestemos atención, aunque sea con la repugnancia que dan quienes no están a la altura de las circunstancias.

El episodio actual es bochornoso, por supuesto para Podemos, pero no menos para Més y para los socialistas. Estos dos partidos expresan su horror por la situación en la que se encuentra el Parlament, cuya presidenta anda a gritos por los pasillos, protestando contra su propio partido, al que acusa de ser dictatorial. (Algo de razón parece tener, puesto que ha sido expulsada por una postura que nunca expresó en público y sin haber votado jamás contra los suyos. Pocas veces fue más correcta la expresión “la venda antes que la herida”.) Quien quiera escucharlos, los dirigientes de la izquierda descalifican a la presidenta del Parlament por no saber comportarse y actuar movida por el resentimiento.

Sin embargo, esos mismos partidos que conocían perfectamente a Huertas –los socialistas la conocían tan, tan bien, que la echaron de sus filas, en las que militó durante mucho tiempo–, pretenden olvidar que fueron ellos quienes la votaron como segunda autoridad de Baleares. ¿Es admisible que una persona cuyas conductas la hacen incompatible con ocupar una mísera concejalía en el municipio de Marratxí, puede ser votada como segunda autoridad de Baleares?

Tanto, tanto es el respeto a la dignidad del Parlament que nos la endilgan para que, desde esa institución tan noble, la soportemos el resto de los ciudadanos. ¿Pero qué clase de políticos tenemos? Nos estamos quedando sin opciones para elegir y eso que dos de los cuatro partidos son nuevos.

Un comentari a “Mala para Marratxí, buena para el Parlament

  1. Sí, es cierto. Así como alguien que no sirve para Marratxí no debería servir tampoco para el Parlament, alguien que escribe mensajes de ánimo a un delincuente común blindado como Bárcenas no debería considerarse imprescindible, por muchos votos que reciba, y dejar de manchar de indignidad y sospecha la presidencia del gobierno del país que tanto le llena la boca. Seguro que si Rajoy estuviera dispuesto a la decencia se podrían resolver muchos problemas.

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