Mecánicos y politólogos

En las CUP hay muchos politólogos y muy pocos mecánicos. En Convergencia, hay muchos mecánicos y muy pocos politólogos, apenas un par. Por eso se han roto las conversaciones en Catalunya y han pasado, de un escenario para votar independencia si o independencia no, a otro tradicional de izquierdas y derechas. Las candidaturas de unidad popular se han pegado un tiro en el pie, Ada Colau ya se frota las manos y el PP seguirá perdiendo.

En Baleares esto no hubiera pasado. En el PSIB ha habido y hay buenos mecánicos desde siempre; Diéguez, Bayona o Pilar Costa. Hubieran pactado seguro con David Abril o con Nel Martí, mecánicos de una izquierda con parte de ideología cupera, a bajo coste para ambos y sin desesperar al electorado. Incluso con la derecha moderada del PI. Deberían tomar nota los catalanes de cómo se puede hacer sin quemarse en el intento.

Eric Arthur Blair, el de 1984 y su Gran Hermano, sólo vivió 47 años. Conocido, sobre todo, por un par de novelas que escribió obligado, hizo mucho por el periodismo con sus ensayos comprometidos e informativos. De George Orwell es la frase “intoxica a un tonto con información diaria y desmedida y acabará convencido de ha aprendido a pensar”. Eso es lo que están haciendo maliciosamente algunos medios de comunicación. Catalanes (públicos, privados), también. Sus públicos se lo han aprendido y han perdido mucha audiencia. Aviso a navegantes.

El gran perdedor de la decisión dominical de las CUP es Rajoy. El gran vencedor es Pablo Iglesias. ERC sale indemne del duelo al sol de Mas, Mas está acabado políticamente y Pedro Sánchez (mecánico y bueno), sigue sin poder moverse porque, a los barones que les dio libertad para formar Gobierno en sus Autonomías pactando, ahora no le dejan negociar a él para pactar con los que ellos han pactado. Cosas de la política de interesados politólogos.

La única posibilidad que tenía Rajoy de pactar con Sánchez, muy remota, era hacer frente común para evitar el peligro inminente y real del secesionismo. Ya no lo hay. De momento. Las CUP han pasado una pantalla hacia atrás en la sucesión de pantallas para una declaración unilateral. Ahora están en la del referéndum. La frontera que quisieron poner Bauzá en Baleares y Fabra en Valencia para salvar la indisoluble unidad del reino, la quería ahora poner en Madrid Rajoy con la ayuda necesaria e inestimable de Rivera y de Sánchez. No sirvió. Si hay nuevas elecciones en Catalunya la gran vencedora es Colau y, por ende, Iglesias, el politólogo por excelencia y de carrera, que nunca aprendió labores de mecánica por culpa del destronado Monedero.

La primera labor de cruda clase de politología la dio Podemos la noche del 20 D, dejando claras cuáles eran sus líneas rojas. El momento es malo y el color, también. Sin embargo, lo del referéndum exigido para el “tema” catalán se puede ir perfilando. Hay que concretar la pregunta, hay que concretar el sujeto pasivo, el universo, hay que concretar la forma y, sobre todo, el cuándo. Si fuera un referéndum para todos los españoles (divididos o no por Comunidades), con pregunta no dual y el año que viene, seguramente Sánchez aceptaría. De hecho, ya lo ha propuesto el PSC.

La economía es una cosa y la economía aplicada otra. Los politólogos son una cosa y los mecánicos de la política otra. Es, innegablemente, tiempo de mecánicos. Toca negociar. El camino cómodo es convocar nuevas elecciones tirando los dados otra vez, convirtiendo las pasadas en primarias. El voto se radicalizará. Podemos lo sabe, las CUP lo saben. Por eso lo hacen. El pueblo ya no es necio y ya no hay que hablarle en necio para que entienda. Eso… aún no lo saben.

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