Memoria histórica

En tiempos en que se cultiva con tanta intensidad la ignorancia y el olvido, en los que la atención del personal queda enredada entre la sucesión infinita de encuentros de fútbol, el falso glamur del papel cuché, la pornografía sentimental de la televisión o los escandalosos casos de una corrupción que ha envenado la vida política y social como una septicemia, bueno es honrar con el recuerdo a aquéllos de nuestros paisanos que consagraron su vida a hacer de este país un lugar más justo y digno, libre de la miseria y la desigualdad, cobijado en la razón y no en el dogma eclesiástico. Y no me refiero sólo, aunque también, a los caídos en la defensa de la II República.

Hace apenas mes y medio, por ejemplo, murió Gonzalo Puente Ojea. Su muerte, más allá del obituario de algunos periódicos, flor de un día, apenas tuvo eco. Sin embargo, Puente Ojea, uno de los últimos sabios venerables que nos quedaban, nos ha dejado tras de sí un legado intelectual de primer nivel en libros como La formación del cristianismo como fenómeno ideológico, Elogio del ateísmo, El mito del alma o La religión ¡vaya timo! Adalid del laicismo, fiero ateo, murió a los 92 años con las botas puestas, como presidente de honor de Europa Laica.

Por otro lado, esta misma semana, el 1 de marzo, se cumplieron 175 años del nacimiento de Fermín Salvochea. ¿Y quién lo recuerda? Este gaditano insigne pasó su juventud en Inglaterra, donde conoció las obras de los socialistas utópicos, en particular de Owen y Paine; de vuelta a España trabó relación con Anselmo Lorenzo y Francisco Mora, destacados líderes anarquistas en la línea de Bakunin, y más adelante sería uno de los introductores en nuestro país del pensamiento anarcocomunista de Kropotkin. Miembro de la Internacional y federalista a ultranza, lideró el Cantón de Cádiz y fue alcalde de la ciudad durante la Primera República. Desde la revolución del 68 hasta su muerte, su vida fue un trasiego continuo entre cárceles, exilios y actividad política. Rico de nacimiento, repartió su patrimonio entre los más pobres, llevando una vida tan austera que rayaba en lo indigente. ¿Qué pensaría D. Fermín de las afamadas puertas giratorias y de la política como profesión? Afortunadamente, el actual alcalde de Cádiz, Kichi, tuvo el buen tino de sustituir el retrato del Borbón de turno que presidía la Casa Consistorial por uno de Fermín Salvochea, verdadero padre de su patria chica.

Un comentari a “Memoria histórica

  1. Que no se nos olvide que ha habido gente como Fermín Salvoechea. Gracias por este homenaje a mi paisano, del que me siento muy orgullosa.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *