Menos españoles

Según el último informe demográfico del Instituto Nacional de Estadísticas, hecho público esta misma semana, los españoles hemos entrado, al parecer, en un lento proceso de extinción. La cosa es que entre la caída del 4,6% de nacimientos y la del 2,7% de matrimonios, tenemos un crecimiento negativo de 72 habitantes menos por día. A lo que hay que sumar la desbandada de jóvenes que buscan un futuro fuera de la piel de toro y a quienes les pesa como una losa aquella frase sardónica y lapidaria de Antonio Cánovas: somos españoles los que no podemos ser otra cosa.

Ante tales noticias, llama la atención las voces que dan la alarma sobre la aminoración de una raza tan heroica y calé, tan llena de esencias y valores, y la verdad es que no es para tanto: al ritmo de 72 españoles menos al día tardaríamos medio millón de años en extinguirnos. Pero lo que importan son las causas, y las causas de tal situación se buscan, y se encuentran, no ya sólo en los efectos de la crisis, sino que también, y sobre todo, en el hecho de que vivimos en un país donde el Principio de incertidumbre de Heisenberg es el artículo primero de nuestra Constitución no escrita, que es la que en verdad se cumple. Por lo demás, es evidente que el austericidio de las políticas neoliberales, a más de desregular el mercado laboral y reducir los gastos sociales, actúa como el bromuro potásico.

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