Movilización social y moción de censura (I)

Pablo Iglesias y otros representantes de UP han declarado que presentarán la moción de censura aunque esté condenada al fracaso, lo cual significa que su objetivo principal es que se hable de la corrupción del PP, algo muy conveniente. No obstante, mi manera de ayudar a la causa será hablar de la propia moción.

Cuatro consideraciones previas.

Una.- Vista Alegre 2 debatió el papel de las movilizaciones sociales tras haber conseguido presencia institucional al participar en las elecciones con la intención de conquistar el poder. No es necesario recordar qué tesis resultó vencedora. Pero al debate teórico le suceden siempre los acontecimientos, ante los cuales las decisiones que se adoptan ponen las palabras de cada cual en su sitio.

Dos.- Ante las críticas recibidas a la moción, algunos representantes de Podemos han recordado el ejemplo de la presentada por Felipe González contra Adolfo Suárez en 1980, que tampoco triunfó. Incluso hay quienes, como Pablo G. Perpinyà, que afirman lo siguiente: “los acontecimientos posteriores demostraron acertada la decisión de presentar aquella moción”, y también que “sembró la semilla de la imponente mayoría absoluta que obtendría en 1982”. Que politólogos reconvertidos en políticos como los de Podemos utilicen argumentos de conveniencia entra dentro de lo habitual, pero que quienes no firman en nombre de unas siglas intenten recomponer la escala de importancias de los hechos históricos es algo más que discutible. Por eso disiento radicalmente. El PSOE era la alternativa desde las elecciones del 15 de junio de 1977 y arrasó en el 82 gracias a cuatro hechos históricos ante cualquiera de los cuales aquella moción queda como un incidente sin importancia. Primero, la crisis del 28 Congreso socialista y el regreso triunfal de Felipe González, cuatro meses después, en septiembre de 1979, tras conseguir la supresión del marxismo. Segundo, el shock que supuso el intento de golpe de estado de Tejero en 1981. Tercero, la aceleración, gracias también al 23F, de la descomposición de UCD, en grave crisis tras la dimisión de Suarez. Y cuarto, la crisis interna del PCE, que concluyo con la pérdida en el 82 de más del 80% de los diputados que había conseguido tres años antes. Ninguno de tales hechos tuvo una relación causa-efecto con aquella moción, al menos que se sepa, y si hoy nos acordamos de esa acción parlamentaria es gracias a la de Unidos Podemos.

Tres.- Sobre las movilizaciones sociales justo es tener en cuenta que existe Internet. Actualmente hay muchas más peticiones dirigidas a los poderes públicos en plataformas como Change y Avaaz, por poner dos ejemplos, que las que se reclaman mediante recogidas de firmas “puerta a puerta”, manifestaciones o huelgas. Y, por supuesto, el número de personas que participan a través de la Red de redes es incomparablemente mayor. Por recordar un caso que viene muy a cuento, el madrileño Pablo Gallego consiguió más de 1.000.000 de firmas durante una sola semana, la primera de febrero de 2013, para pedir la dimisión de la cúpula del PP. Quien no recuerda las fotocopias de la caja B del PP en las portadas, origen de aquella movida. Se llegó a picos de más de 500 firmas por minuto. Aunque parezca mentira, aún faltaba un año para que amaneciera Podemos. En cambio, y ya que estamos, los Primeros de Mayo no consiguen mover ni una ceja del empresariado igual de “explotador” que siempre, ni de sus principales “protectores”, los gobiernos de cualquier color. La última movida física que recuerdo exitosa fue la del barrio de Gamonal, en Burgos.

Cuatro.- Todo hace pensar que debido al “efecto Podemos”, PSOE y Ciudadanos se ven obligados a radicalizar su discurso contra Rajoy, pero ni el primero ni los segundos son capaces de sacarlo de La Moncloa, atrapados como siguen por sus desconfianzas mutuas y su incapacidad para hablar con los nacionalistas, limitaciones coyunturalmente aderezadas con la división interna de los de Díaz/López/Sánchez.

Próxima entrega: Cronología de hechos probados.

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