Mr. X y sus 40 ………. apoyan a Susana

El pasado domingo, en Madrid, tuvo lugar la presentación de la candidatura a la secretaría general del PSOE de Susana Díaz, con el apoyo de los ex presidentes Felipe González (“Yo soy la base”), Rodríguez Zapatero y otros exdirigentes como Alfonso Guerra y Pérez Rubalcaba, además de la práctica totalidad de los barones del partido, cuya filosofía “felipista”, a diferencia de lo que exigen a grito pelado la sociedad española y las bases del partido que fundara Pablo Iglesias, consiste en el despotismo burocrático [“Todo para los militantes , pero sin los militantes”] ¡Increíble, pero cierto!, girando más hacia a la derecha.

En el transcurso de tan importante coronación, quedó claro que el candidato a batir es Pedro Sánchez, utilizando todos los medios habidos y por haber. Cuentan con el aparato del partido, los poderes fácticos y la Gestora, con la ayuda de la gran mayoría de los grandes medios de difusión, [nacionales e internacionales], sin olvidar a oportunistas y desleales, como al “ex-amigo y aliado” Patxi López, que aconsejo y convenció a Pedro Sánchez para que dejara el escaño, con el argumento de que solo así podría ser Secretario General. Puñalada trapera.

De esta forma, teledirigido por Mr. X, traicionando a “su gran amigo”, de prisa y corriendo, “sin previo aviso”, confundiendo y dividiendo, se presenta a candidato, intentando dar la apariencia de auténticas primarias para, finalmente, en beneficio del partido y la patria [El Becerro de Oro], terminar su verdadera misión de pactar con Susana Díaz, dándonos gato por liebre.

Los que conocemos bien “al monstruo” felipista, por haber vivido en sus entrañas, podemos afirmar sin riesgo a equivocación que “la suerte está echada”. Pedro Sánchez, aun ganando por goleada las primarias, está condenado a ser barrido del partido.

Haciendo un poco de memoria histórica, en el conflictivo 28 Congreso del PSOE celebrado 1979 en Madrid, las ponencias [ideas] político-socio-económicas de Felipe Gonzalez y sus 40…. (Alfonso Guerra, hermanos Yañez, Rodriguez de la Borbolla y otros), a pesar de contar con el apoyo de los poderes fácticos y la gran mayoría de los grandes medios de difusión, de tenerlo todo atado y bien atado, fueron ampliamente derrotados. De los aproximadamente 950 delegados allí presentes solamente el 31% apoyó las tesis del agente Isidoro, 7% se abstuvieron y 62% votaron en contra.

Cuando lo lógico, coherente, justo y sobre todo ético, ante tamaña y humillante derrota era dimitir de todos los cargos orgánicos e ir a un partido afín a sus ideas Neoliberales, ¡Increíble pero cierto!, opta por quedarse y junto con una minoría crear la confusión y el caos, e impedir con métodos antidemocráticos la elección de una ejecutiva a fin a las resoluciones del Congreso. Cuatro meses más tarde, después de fuertes purgas: expulsiones, sanciones, y de miles de militantes marginados, y de que otros tantos decepcionados abandonaran el partido; en un Congreso Extraordinario, con solo 400 delegados, elegidos con métodos de dudosa democracia, “a dedo”, amañado y manipulado hasta lo inimaginable, organizado por el famoso y temido fotógrafo-inquisidor vitalicio (“el que se mueve no sale en la foto”).

Así, de esta y única forma, Isidoro, quien meses atrás había sido derrotado democráticamente, fue impuesto y aclamado por unanimidad a través de un vergonzodo fraude-pucherazo sin precedentes en el PSOE.

A todo ello hay que sumar inmoralidades y actitudes antidemocráticas que por cuestión espacio no se pueden divulgar. Bastará añadir la más reciente: la destitución de Pedro Sánchez.

Con estos datos y otros muchos parecidos en la mano, al margen de los votos que reciban los contendientes, si tenemos en cuenta la filosofía felipista imperante, en el que más vale un PSOE roto que un PSOE de izquierdas partidario de la unión con las fuerzas progresistas, no hace falta tener un coeficiente intelectual muy privilegiado para saber cuál será finalmente el resultado y quién se quedara con las prestigiosas y rentables siglas del PSOE.

Analicen y saquen sus propias conclusiones.

¡Más indecencia, cobardía, cinismo y menosprecio a la inteligencia de los pueblos, imposible!

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