No deje robar a sus ladrones

Si tiene usted los ladrones en su casa y también le han quitado la llave, no le queda más remedio que tirar la puerta abajo y que al estruendo acuda la policía, mientras quede policía. Estaba pensando en una situación así de desesperada cuando me vino a la cabeza que solo por eso merecía la pena que Sánchez hubiera aceptado, hace más de un año, la propuesta de ser presidente que le propuso Iglesias. Solo por eso también defendí que Iglesias apoyara la investidura de Sánchez tras su acuerdo con Rivera, pues la vida está para pedir cien y conseguir diez, o uno, que siempre es más que cero o que menos un millón de votos. También por eso estoy ahora de acuerdo con que Sánchez, o quien gane en el PSOE, y Rivera, acepten la moción de Iglesias y la gobiernen, porque son más, si es que han aprendido a contar. Cualquier cosa sirve con tal de poder avisar a los agentes del orden, que las oportunidades escasean. Y, a fin de cuentas, el “enfant terrible” nunca aprenderá a pedir perdón por sus errores. Es un defecto de fábrica, como el de muchos niños mimados. Y desde Jack Lemmon nadie es perfecto. Pero vale setenta y un diputados. Ni más ni menos. Es necesario que se pongan de acuerdo para una temporada y que la Justicia pueda hacer su trabajo sin tantos “líos” del ministro “Rafa”. No molesten demasiado a la economía y seguirá con su inercia. Y después, convoquen nuevas elecciones. La transición desde un estado de mucha corrupción hacia otro de no tanta nunca saldrá bien si los corruptos siguen al mando. Con muchos delincuentes fuera del gobierno y de la calle, todos los demás que concurran a las urnas mejorarán sus resultados. El caso es que ahora, entre dimes y diretes, tenemos la casa bien robada y sin barrer. Como nos despistemos, puede llegar a incendiarse. No dejemos “trabajar” a nuestros ladrones o, al menos, cambiemos de ladrones. Todo el tiempo que los nuevos tarden en aprender a robar será oro para nosotros. Y hasta podemos tener suerte y que nos toque una tanda que no sepan, o no sean capaces de hacerlo. También hay de esos, pero necesitan una oportunidad. No atreverse a concederla tiene dos nombres posibles y el menos malo es cobardía.

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