¡No, señor Rajoy, usted no es demócrata! (II)

Vayamos por la segunda pregunta del que hasta ahora no aclarado si es o no es demócrata, el Sr. Rajoy, que más bien como he contestado a su pregunta en la primera parte de este artículo, nada en su forma de ser y actuar nos demuestra que lo sea: ¿somos malos por razones genéticas o lo hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida?”.

Para contestar a esta pregunta me veo obligado a buscar en las hemerotecas, veamos: lo de que es malo por herencia genética, hay que entender lo de malo, en este caso significa no demócrata o sea fascista/franquista, o sea si lo ha mamado desde su nacimiento.

Está demostrado que el abuelo de don Mariano, al que en el curriculum confeccionado de Rajoy es tratado como de  “liberal”, no asustaba precisamente a los jerarcas del régimen franquista y fue precisamente por esto que Enrique Rajoy Leloup pudo en el año 1952, todavía durante los años duros del franquismo, recuperar el Decanato del Colegio de Abogados que había ocupado anteriormente hasta el año 1936. Tal oportunidad sólo se le ofrecía a aquellos que mostraban absoluta fidelidad al Régimen de Franco.

Sigamos con la genética, Mariano Rajoy siempre ha sido muy cauto cuando se trata  de hablar de su padre, (no es raro si quería ocultar, como así intentó hacer su genética ideológica franquista), a un magistrado que llegó a ser presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra en pleno franquismo y que presidió el escandaloso juicio conocido como el “Caso de Redondela”.

Corría el año 1972 cuando se descubrió que habían desaparecido millones de litros de aceite. El escándalo fue tan mayúsculo que hizo ineludible la celebración de un juicio que duró hasta noviembre de 1974. En el curso del mismo aparecieron implicados un número considerable de ciudadanos pertenecientes al establishment franquista. El asunto, como solía suceder entonces, nunca se llegó aclarar. Uno de los implicados directos, Isidro Suárez, murió en la cárcel de Vigo en extrañas circunstancias. Otro implicado, José María Romero, que previamente había destapado el “affaire”, apareció muerto también en su casa de Sevilla, junto a su padre, madre e hija, asesinados en su domicilio. Uno de los principales accionistas del negocio era el mismísimo Nicolás Franco Bahamonde, el “hermanísimo” del Caudillo. Los Franco “habían comprado” millones de litros de aceite, 4.000 toneladas que nunca fueron a los silos. Cuando los fueron a sacar para su venta, el guardia  declaro que nunca había entrado aceite en esos silos, el desgraciado guardia murió cayéndose de un piso. Los folios del caso fueron perdidos, ¡oh!, por papi Rajoy. Caso sobreseído.

El Presidente de aquel estéril e incompetente Tribunal de Justicia fue Mariano Rajoy Sobredo, padre del actual presidente del gobierno, en este tenebroso, escabroso y corrupto  asunto aparecieron implicados ministros y ex-ministros de la dictadura y otras “personalidades” que contaban con tratos preferentes en Ministerios, adjudicaciones gubernamentales y similares, mecanismos de uso muy habitual durante el franquismo (una trama Gürtel, 30 años antes). El sumario sobre el asunto que se recogía en nada menos que 5.000 folios se volatizaron misteriosamente del juzgado que presidía el padre del ínclito Rajoy. Las justificaciones oficiales fueron endebles: hubo obras, reformas, no había espacio, el caso se cerró, en falso, pero se cerró, y se perdió para siempre. Y como inexorablemente sucede en la historia de los dos últimos siglos de este país cuando la culpa afecta a miembros destacados de las clases hegemónicas, los datos terminan desapareciendo a través de las cloacas del Estado. Sin comentarios, como no sea recordar la famosa frase de “pero si pierde más aceite que Redondela”.

Con lo que queda demostrado otra vez más que de las cloacas del Estado solo sale mierda, putrefacción y asco en partes iguales y que las preparadas raíces “democráticas” del árbol gene-ideológico de Mariano Rajoy son una pura invención, construida ex profeso con el propósito de proporcionar una imagen “moderada”, “centrada” del jefe del actual Ejecutivo ultraconservador en funciones.

Esperaba tenerlo listo en dos entregas, pero me cuesta reducir todo lo que voy encontrando de un hombre que está chupando de la sangre de los españoles desde que se afilió a Alianza Popular (AP), actualmente denominado Partido Popular (PP), y fue elegido diputado en las primeras elecciones autonómicas gallegas, celebradas el 20 de octubre de 1981, tenía 26 años, o sea lleva 35 años saciando su sed de poder y de dinero público, y un perfecto conocedor de las inmundas cloacas del Estado, en las que se mueve con pleno conocimiento y a gusto.

Vuelve a ser verdad aquella cita que se atribuye al poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe, escrita en una carta a su no menos famoso compañero en esa época Friedrich Schiller: “Perdóneme que le haya escrito una carta larga porque para una corta no he tenido el tiempo.”.

Voy a seguir descubriendo porque Mariano Rajoy, a pesar de sus protestas, no es un ciudadano demócrata, arriesgándome a que me apliquen la denostada Ley Mordaza y soslayando la actual situación política en bien del obligado conocimiento que debemos tener de nuestros gobernantes, sean franquistas o no lo sean.

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