¡No, señor Rajoy, usted no es demócrata! (y IV)

Que haya vuelto a salir elegido Presidente del Gobierno de España no le da marchamo de demócrata. Sigue siendo también el presidente de un partido en que sus genes lleva el franquismo grabado a fuego y a lo largo de los años que lleva fundado no han hecho nada para quitarse el sambenito de encima.

Puede haber diferentes interpretaciones de lo que eran y hacían sus antepasados y la ideología que mamó, en lo que no puede haber ningún tipo de discusión es en lo que escribía cuando ya era un alto cargo de Alianza Popular en Galicia. Lo dicho, hay otros datos que no pueden ser refutados como falsos, y son  aquellos que dejó escritos a través de sus artículos y opiniones expresadas en la prensa gallega, principalmente en el año 1983. En el que, el actual presidente del gobierno, expuso con toda crudeza, con toda dureza, con total claridad cómo pensaba como debía funcionar una sociedad, en cuales debían ser sus jerarquías, cuál era el “orden natural” en el que los hombres y las cosas debían de estar colocados.

Para centrarnos en el personaje, unos datos biográficos sobre la época en que escribió los artículos a los que haré referencia. Nacido el año 1955, en el año 1981 ingresó  en el  Partido Alianza Popular, de la mano  del ex ministro de la dictadura Manuel Fraga. Ese mismo año fue elegido diputado en las primeras elecciones autonómicas gallegas (tenía 26 años). Un año después, en 1982, obtuvo el acta de Concejal por el Ayuntamiento de Pontevedra. Y en junio del 83 fue nombrado presidente de la diputación Provincial pontevedresa.

Los artículos a los que nos vamos a referir, escritos por Rajoy, fueron publicados  en el “Faro de Vigo”  en  el año 1983 (cuando ya era Presidente de la Diputación provincial de Pontevedra). No son obra pues de un niñato veleidoso y jovenzuelo inestable de  escasa formación ideológica, sino que en aquellos años ya tenía casi 30 años, era  presidente de una Diputación y destacado líder regional de un partido de derechas, por lo que se supone (ya sé que es mucho suponer) que ya sabía lo que se hacía.

En el artículo titulado “Igualdad humana y modelos de sociedad”, escrito el 4 de marzo de 1983, el hoy presidente del gobierno, en un comentario al libro de Luis Moure Mariño sobre “La desigualdad humana”,  escribió:

“Ya en épocas remotas se afirmaba como verdad indiscutible que la estirpe determina al hombre. Era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe” superaban a los demás… la igualdad biológica no es pues posible. Pero tampoco lo es la igualdad social: no es posible la igualdad del poder político (no hay sociedad sin jerarquía);  tampoco la de la autoridad (¿sería posible equiparar la autoridad de todos los miembros de un mismo gremio, por ejemplo de todos los pintores cirujanos?); o de la actividad (el difícil imaginar un ejército el que todos fueran generales; o una universidad  en la que todos fueran rectores)… Nadie tiene la misma oportunidad mental, histórica, ni nacional;  no es igual nacer en los Estados Unidos que en la URSS… Para imponer tal igualdad habría que eliminar el poder político, lo que es imposible”.

En el mismo artículo, Mariano Rajoy Brey puntualizó algunos aspectos especialmente interesantes si se tiene en cuenta el carácter de su actual política económica:

“La experiencia ha demostrado de modo irrefragable que la gestión estatal es menos eficaz que la privada.  ¿Qué sentido tienen pues las nacionalizaciones?  Principalmente el de desposeer – vid. RUMASA -, o sea, el de satisfacer la envidia igualitaria.  También es un hecho que la inversión particular es mucho más rentable no subsidiaria.- Entonces ¿por qué se insiste en incrementar la participación estatal en la economía?  En gran medida, para despersonalizar la propiedad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria.  Es evidente que la mayor parte del gasto público no crea capital social, sino que se destina al consumo. ¿Por qué, entonces, arrebatar con una fiscalidad creciente a la inversión privada fracciones cada vez mayores de sus ahorros? También para que no haya ricos para satisfacer la envidia igualitaria.  Lo justo es cada ciudadano tribute en proporción a sus rentas.   ¿Por qué, mediante la imposición progresiva, se hace pagar a unos hasta un porcentaje diez veces superior al de otros por la misma cantidad de Ingresos?  Para penalizar la superior capacidad, o sea, para satisfacer la envidia igualitaria. Lo equitativo es que las remuneraciones sean proporcionales a los rendimientos.  En tal caso ¿por qué se insiste en aproximar los salarios?  Para que nadie gane más que otro y, de este modo, satisfacer la envidia igualitaria”.

A lo largo de este ejercicio de recopilación de datos biográficos he querido demostrar mi aseveración de que el actual Presidente del Gobierno no es demócrata porque sigue menospreciando y dañando hoy con sus políticas reaccionarias, como hacía antes con sus escritos desbordantes ambos de ideología fascista, a los pobres, a los desheredados, a los débiles, a los indigentes, a los jubilados y a todos aquellos que necesitan tener un trabajo para poder subsistir.

Lo dicho: “No, señor Rajoy. Usted no es demócrata”.

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