Optimistas, pesimistas y escépticos (y II)

Continuo con mis reflexiones del pasado lunes, Optimistas, pesimistas y escépticos (I),  aderezado con las propias de mis comentarios de ayer sobre la muerte de Zygmunt Bauman.

Para Bauman, y no sólo para él, el mundo que estamos (o nos están) creando es absurdo e insostenible: la dualidad y la descohesión, los que todo lo pueden y  los “otros”, el  proyecto europeo en desconcierto absoluto… El racismo y la xenofobia, la intolerancia y el sálvense el que pueda son los “valores” dominantes. Aquí, aun estando mucho mejor que otros, vivimos/convivimos al día, donde la igualdad real de oportunidades es un mito. Frente a tales realidades, gran parte de las instituciones / organizaciones (incluidos sus líderes) están desconcertadas, no entienden lo que está pasando. Viven en entornos cerrados que les impiden ver lo corrosiva que es la persistente desigualdad y la diferencia de oportunidades. Pretenden dar “soluciones” al siglo XX, mientras vivimos y convivimos en pleno siglo XXI.

Descritos los tonos grises de la sociedad líquida, ¿se instaló Bauman en un  pesimismo radical? Desde luego no fue un optimista “antropológico”, ni veía brotes verdes por doquier, pero, son sus palabras, “no me gustaría que lo que digo acabara por cumplirse, preferiría evitarlo, hacer reaccionar a la gente. No he perdido la esperanza. No me puedo imaginar la raza humana sin esperanza”. Y se instala en un escepticismo activo porque aunque “lo viejo no acaba de morir”, lo nuevo puede surgir, aunque de momento “no acaba de nacer”.

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