Otra vez con el nepotismo por bandera

Uno de los temas más controvertidos últimamente es la primera votación que pierde la coalición PSOE-Més en el Parlament tras el nombramiento de Juli Fuster, marido de la Consellera Patricia Gómez, como director general del INSALUT y de Pau Thomàs, hijo de Vicens Thomàs, todo un clásico en las listas socialistas, como asesor de la Consellería de Trabajo, Comercio e Industria. La cosa no tendría excesiva importancia si no fuera porque Podemos en este caso votó junto al Partido Popular sobre ese asunto, algo inconcebible de antemano desde la óptica de una supuesta corrección política. Pues bien, déjenme que me declare políticamente incorrecto, qué le vamos a hacer.

Tengo por costumbre intentar no opinar jamás sobre las personas por lo que son o por los valores que representan, pero sí por lo que dicen y hacen. En este sentido no cometeré el error de dejar de alegrarme. No tengo más remedio que apoyar una decisión valiente de los diputados de los círculos morados a pesar de mis profundas discrepancias con sus constantes contradicciones y sus ideas descabelladas. Por una vez, y espero que sirva de precedente, Alberto Jarabo y sus muchachos han actuado con coherencia, adoptando una posición ética intachable, por mucho que se les critique al respecto. Supongo que su decisión les habrá costado lo suyo, hasta el punto de anteponerla a su pregonado cordón sanitario consistente en el aislamiento del Partido Popular.

El nepotismo es una lacra –una más– de las que suelen hacer gala la inmensa mayoría de nuestros políticos en cuanto tocan poder y, créanme, hay que intentar erradicarla, venga de donde venga. En un asunto tan serio no valen las excepciones cuando se trata de decisiones arbitrarias, aunque los nombramientos recaigan en personas preparadas. En el caso concreto que nos ocupa desconozco los méritos que adornan a esos dos señores, pero me parece irrelevante si tenemos en cuenta a quienes les nombraron a dedo.

Las críticas esgrimidas por quienes defienden la postura del Govern no hacen más que ratificar que Podemos –en este caso al menos– ha hecho lo que tenía que hacer. El apoyo de los podemitas a la investidura no tiene por qué ser un cheque en blanco para que el Govern haga y deshaga a su antojo. Como tampoco sirve el argumento de que Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, también haya abusado de los nombramientos de familiares próximos mientras un PSOE madrileño silente se ponía de perfil y miraba hacia otro lado. En cuanto a las críticas sobre una hipotética y más que probable política de desgaste hacia los socialistas tampoco es argumento asumible. Evitarla hubiera sido más práctico, pero sobre todo más decente: con no poner en práctica nombramientos discrecionales en favor de la parentela el Govern hubiera tenido suficiente.

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