Otras estrategias del feminismo

El 8 de marzo actualiza cada año el problema de la discriminación más importante de las que se producen en nuestro planeta, pues la peor parte se la lleva la mayoría de la población, la que está formada por los habitantes del sexo femenino. Teniendo en cuenta que comenzamos a asimilar los protocolos machistas de manera no consciente, prácticamente desde que nacemos, nos resulta imposible imaginar un mundo sin discriminación sexual y que, por tanto, no sufra las lacras que acompañan esta desigualdad, establecida de hecho y/o de derecho en la sociedad.

Como cualquier otro grupo perjudicado por una discriminación determinada, si quiere avanzar en la igualdad legal y real debe planificar una estrategia de lucha política y social que le permita destruir los eslabones débiles de la cadena que su adversario, en este caso los hombres, utiliza para construir y perpetuar su dominio.

Ante la citada fecha se está produciendo una verdadera avalancha de programas de radio, televisión y artículos de prensa en los que mujeres de reconocido prestigio copan el protagonismo y, aunque no tengo cifras, me jugaría cualquier casi cosa a que este año lo está siendo más que ningún otro. No me cabe la menor duda de que no es ajeno a este ajetreo en los medios el hecho de que Trump las haya elegido, junto a inmigrantes y periodistas, como las víctimas propiciatorias de sus excesos. También es posible que la huelga general internacional, solo de mujeres, que se ha convocado para este mismo día sea una manera de responder a la nueva bestia. Ayer, desde este mismo Periscopi, Lila Thomàs describía y convocaba con un artículo de obligada lectura.

He visto y escuchado algunos de estos debates entre líderes femeninas y no puedo estar más de acuerdo con lo de que es necesario acabar con las múltiples discriminaciones que manifiestan el machismo dominante. También con que tal cosa no será posible sin la mayor implicación de las instituciones. La información estadística es, en este caso, la prueba irrefutable de que no estamos mejorando demasiado. Ya no se recuerdan dos primeros meses de un año con tantas asesinadas.

Pero, en medio de tanto drama, me resulta sospechoso el consenso general entre las participantes que, representando a partidos enfrentados “a muerte” en el día a día, acuden a estos encuentros para denunciar injusticias y reclamar cambios políticos. Sus actitudes me recuerdan los debates de guante blanco, también llamados “entre caballeros”.

El domingo pasado, día 5 de marzo, por la noche, Ana Pastor invitó al plató de “El Objetivo” a Armengol del PSOE, a Arrimadas de C’s, a Barkos de Geroa Bai, a Oltra de Compromís y a Gamarra del PP, todas líderes en sus partidos y la mayoría con cargos instituciones ejecutivos de alto nivel. Fueron exposiciones de los logros conseguidos, por cada una en su ámbito, con el inevitable colofón de “queda mucho más por hacer”, que un debate en el que se pudieran manifestar las discrepancias de fondo, pues resulta evidente que no todos los partidos pueden presentar el mismo currículum, digan lo que digan sus programas políticos. La mayor crítica llegó cuando una de ellas, creo que fue Mónica Oltra, afirmó que desde 2010 el presupuesto contra la violencia machista se había recortado en un 26%.

En cambio, la historia ha demostrado en muchas ocasiones que las batallas de los colectivos discriminados deben ser rompedoras y abanderar causas que permitan progresar a toda la sociedad. Rosa Parks consiguió que los negros pudieran sentarse junto a los blancos, pero también lo contrario. Como me considero implicado, diré dos cosas sobre estrategias de lucha feminista no practicadas hasta la fecha, salvo que me haya perdido algo.

Siendo la Casa Real y compañía un montaje que propone a las mujeres ser “letizias” o “cristinas” y alimenta sin descanso ese noticiero rosa que cultiva todo menos la reivindicación feminista, sorprende que las líderes de este movimiento no pidan suprimir esa institución de una vez y para siempre. Estoy convencido que una huelga de hambre de mujeres hasta que la monarquía se disuelva conseguiría que muchos machos contaran hasta diez antes de levantar la mano para golpear. Sobre todo si la movida consiguiera el objetivo propuesto.

Por otra parte, dado el altísimo porcentaje de dirigentes masculinos, también resulta incomprensible que no reclamen con urgencia el establecimiento de la limitación de mandatos en todos los niveles, pues la mayor rotación de personas en la política, inevitable y bienvenida, multiplicaría las oportunidades para las mujeres. Pepa Bueno requirió ayer lunes, en la SER, a Irene Montero sobre si Podemos se sumará o no a la propuesta de C’s para limitar los mandatos del presidente del gobierno, pero le faltaron los reflejos y el instinto necesario para preguntarle si defendería lo mismo para la secretaría general de su partido, también llamado Pablo Iglesias. Nos hacen falta muchos más entrevistadores capaces de conseguir “¿Y la europea?” de quienes detentan o pretenden el poder político, todos siempre portadores de peligro.

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