Paranoia y malestar en la cultura. de la visita de Luigi Zoja a «La isla de los escritores».

El hombre es un animal simbólico, así respondía Cassirer a la cuarta pregunta kantiana. Pero ¿hacía acaso una taxonomía de lo simbólico? Quizás uno de los mayores logros del pasado s. XX haya sido la redescripción de la geografía mental que compone el ámbito de la subjetividad. Lo que ha resultado en una nueva cultura de la misma subjetividad que no se circunscribe ya sólo a la consciencia sino que abarca el ámbito del inconsciente, terra incógnita de la que Sigmund Freud quiso ser su descubridor e incluso, como arqueólogo, explotó en busca de sus arcanos. Si algún saber ha trastocado la imagen del ser humano en el pasado s. XX éste ha sido el psicoanálisis. Será o no ciencia –maravillosa patente de corso para asaltar cualquier empresa intelectual-, pero lo que es innegable es que es, ahí está, bien sentando cátedra entre loqueros y locos, bien como delirio analítico de cualquier forma cultural, bien como literatura que, mintiendo, no deja de señalar la verdad. Juzgue el público y saque sus concusiones. Hace justo una semana tuvimos el honor de recibir en la que Franco Mimmi describe como «isla de los escritores» a Luigi Zoja, es decir, a la heterodoxia de la heterodoxia, a uno de los hijos de Jung, estirpe maldita del psicoanálisis desde sus inicios. Recordará quizás el lector ese texto entre divulgativo y liberamicorum que es El hombre y sus símbolos (1961), escrito por Jung y algunos colaboradores suyos como Henderson, Von Franz, Jaffé y Jacobi,  quizás una de las obras que más difusión haya tenido en nuestro ámbito suficientemente hostil al psicoanálisis y a la psicología analítica. Es ahí donde puede encontrar un atisbo de lo que es la psicología analítica como ciencia del alma que se sirve de la hermenéutica de los símbolos para llegar a una comprensión de sí misma.

Dijo Ortega que eso del psicoanálisis no le era afín, décadas más tarde, en un prólogo benévolo a un ensayo sobre su obra, el orteguiano literato Ramón J. Sender sostenía lo siguiente respecto al mito, como si, siguiendo la estela de la vía simbólica, volviera sus ojos a la logicidad del mito, pues mito y símbolo van de la mano.

«Mi modesta opinión es que los hombres somos los únicos hasta ahora capaces de crear mitos artificiales (no necesariamente históricos) y de subordinar a ellos con éxito formas de acción creadora. Las religiones antiguas nos ofrecen ejemplos de una gran elocuencia. Sin ir más lejos, el de Buda. Cientos de millones de seres humanos en oriente rigen su conducta por las doctrinas de Buda, que al parecer no existió históricamente, es decir que fue creado por la imaginación de los hombres del mismo modo que, más tarde, fueron creados Hamlet, don Quijote, Fausto. Mitos con dimensiones alegóricas de expresión por medio de las cuales los hombres adquieren formas de acción no sólo conceptual, sino también material y física. (…) La ideación mítica es una forma de creación en el vacío (el inconsciente colectivo de Jung). Lo mismo se puede decir de las culturas nórdicas con sus héroes legendarios y sus teogonías. Parece que la más alta tarea de los hombres desde los tiempos más remotos consistía en la creación de mitos capaces de arraigar y extenderse.» Ramón J. Sender, «Prólogo»  en Marcelino C. Peñuelas, La obra narrativa de Ramón J. Sender, Madrid, Gredos, 1971, pp.10-11.

El trabajo del Sr. Zoja, psicoanalista, profesor emérito del Instituto Carl Gustav Jung de Zurich e igualmente presidente emérito de la Sociedad Internacional de Psicología analítica va más allá de la simple clínica individual, llegando, como en el caso de Freud en El malestar de la cultura (1930), a la clínica social. En su texto Paranoia. La locura que hace historia (FCE, 2013) apunta a un estudio de la paranoia colectiva, de la locura lúcida y no menos fría que, monolíticamente, no admite revisión. Y de eso precisamente pudimos oírle hablar el pasado viernes en el Club Diario de Mallorca gracias a la colaboración y buenos oficios de su director, Miguel Borras, y a la generosidad inestimable del Sr. Mandilego, decano del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias de Baleares que desde el presente curso 2016-2017 ha patrocinado el Ciclo Sapere Aude en el que se enmarcó la visita del Sr. Zoja. Zoja, en clara línea con el freudiano análisis de la cultura, dio un paso más allá del análisis que el padre del inconsciente adelantara en 1930 y, en lugar de una cultura neurótica, habló de la paranoia en la misma cultura de finales del XX y principios del XXI que no dudó en calificar de conjunto de creencias graníticas e incuestionables, conspiranoicas sobre el ya crónico malestar del hombre contemporáneo. El peligro, la sensación de inseguridad, la necesidad de buscar un chivo expiatorio, fueron las constantes del análisis que desgranó acerca de la actualidad.  Si hay paranoia es, entre otras cosas, porque se da la ausencia absoluta de un pensamiento crítico que se manifieste en la ya consabida revisabilidad de sus presupuestos.

Ha sido precisamente un psicoanalista quien nos recordara lo que los filósofos llevamos tiempo señalando: si la razón es crítica es porque se revisa constantemente y no como mera metodología, sino como ethos de lo que es una conducta que merezca el título de racional. Ante la pregunta de Guillem Mudoy ¿dónde había que buscar el mal?, entendiéndose que el inconsciente era algo personal, uno sentía que se reactivaba la vieja polémica entre Freud y Jung sobre la (in)existencia del inconsciente colectivo. La respuesta para Zoja fue clara, el mal no está en ninguna parte concreta, sino que casi como un fantasma, recorre las formas de expresión simbólicas. Esperemos que haya espacio para seguir con esa importante cuestión en algún momento. Noël Vicens puso el dedo en el espinoso tema del nacionalismo –mal que aqueja no menos a esta comunidad- y que mereció un preclaro diagnóstico: romanticismo anti-ilustrado que no dudo en que golpearía a más de uno de los presentes en aquella sala abarrotada de pública y notoria militancia ahora ya romántica. Al ser preguntado Zoja ya en otro ambiente por la posible cura, respondió con un remedio simple, quizás el único, una toma de conciencia del estado actual o sea, Ilustración entendida como crítica. Esperemos que tengamos otra oportunidad de recibir a Zoja en «la isla de los escritores» que, como para Franco Mimmi, aparece como lugar de autoexilio voluntario y que, ojalá, algún día sea una buena república de las letras capaz de cobijar al librepensamiento y no encarcelarlo en Bellver como a Jovellanos.

3 comentaris a “Paranoia y malestar en la cultura. de la visita de Luigi Zoja a «La isla de los escritores».

  1. Excel·lent article, amb la qualitat a què ens té acostumats Andrés Jaume. Gràcies.

    Només una precisió, ja que em nomena; la meva pregunta al professor Luigi Zoja, potser mal formulada, en realitat va ser aquesta: Si en la paranoia hi ha una causa, un mal, que provoca escissió i projecció en l’individu que la pateix, quin seria el mal actual que afecta la societat, que està produint eclosions tals com els feixismes i els populismes?

    No qüestionava l’existència d’un inconscient col·lectiu. A l’inrevés: cada cop el considero més potent i pervers; a més, estic per afirmar que l’inconscient individual només diferencia els individus en una petita part i que és la cultura, cada cultura, la que impregna la pulsió -un concepte límit entre què és psíquic i el que és somàtic- de cada particular.

    S’ha discutit molt, des dels estructuralistes francesos, sobre si la psicoanàlisi és una weltanschauung, o un bon instrument per analitzar la societat; o si els seus postulats s’apliquen només a la clínica on es produeix una relació peculiar sota transferència.

    Lacan analitza els discursos en què hom es dirigeix a un altre, els descriu (discurs de l’Amo, discurs Universitari, discurs de la Histèria, discurs Analític) i conclou que aquest últim només emergeix en una situació clínica en la qual es posa manifest el subjecte dividit i la manca d’objecte i en la qual es desvela la inconsistència del Jo (en contra de les teràpies de l’assertivitat o el reforçament d’aquesta instància psíquica que en realitat actuarien a favor de la repressió).

    Totes són qüestions ben interessants i complexes i demano disculpes perquè estic abusant del comentari. El malentès aleteja per sobre qualsevol discurs, però l’única manera de saber el que hom diu és posant-se a parlar.

    1. Estimado Guillem es un honor que comentes un artículo mío. El principal error del que me hago responsable es de no haber llevado libreta por la tarde para tomar notas adecuadamente. De esa manera habría reflejado mejor tu intervención que, dicho sea de paso, me llamó mucho la atención. Coincido contigo -aunque con muchos menos elementos de juicio y desde una posición no clínica- en la importancia de los factores extrasubjetivos en la determinación de la persona o del sujeto del XX. Si eso se acerca al concepto de inconsciente colectivo será materia que, ojalá, podamos discutir. Igualmente me parece importante el punto central del lenguaje y, sobre todo, del o lo discursos. Si algo nos ha enseñado el psicoanálisis y la filosofia del pasado s. XX es que la realidad se articula lingüísticamente. En suma, muchas gracias y espero propiciar algún espacio de encuentro para discutir estos temas desde una opinión autorizada como es la tuya.

  2. Interesante artículo Andrés. Aunque con Ortega puedo repetir “que eso del psicoanálisis no le era afín”. Y ciertamente no he profundizado apenas en dicho campo, tu escrito me ha gustado.
    Y concretamente me identifico con este párrafo: “Si hay paranoia es, entre otras cosas, porque se da la ausencia absoluta de un pensamiento crítico que se manifieste en la ya consabida revisabilidad de sus presupuestos”.
    Un fuerte abrazo,

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