¡Pasen y vean!

Soy consciente de que las personas que leyeron mi escrito de las semana pasada pueden decir que me asemejo a los dirigentes del PP, ya que dije que hablaría de ese partido, y, a las primeras de cambio, incumplo mi promesa, y me pongo a hablar del P(SO)E. Pero espero que comprendan que lo de este partido es motivo para que un Valle Inclán revivido lo incluyese en sus célebres “Esperpentos”.

A pesar de que todos, incluido yo, podríamos encontrar múltiples argumentos para nutrir esa modalidad literaria, voy a centrarme en el tema de las candidaturas a la Secretaría General del partido.

Empecemos con la candidata oficialista, Susana Díaz, futura ganadora, a pesar de que los votantes y simpatizantes no es a quien más valoran, al menos aparentemente. Pero está bajo el paraguas del aparato, y eso tendrá su peso en las votaciones y en los resultados. Ha intentado crear un estado de ansiedad entre los votantes, tratando de no definir su posición sobre su presentación o no como candidata a las primarias, para luego poder aparecer como la salvadora del partido. Pero, tanto ha apurado la situación, que ha caído en el absurdo de anunciar oficialmente que el 26 de marzo presentará su candidatura de manera oficial. Vamos a ver ¿Si lo anuncia, acaso no está presentando su candidatura? Cosa bien distinta es que hubiese dicho que en esa fecha presentaría los avales reglamentarios ¿No?

Patxi López creo que pensó, o le hicieron pensar, que sería el que recogería el voto descontento, generado entre las bases con el: “No es si, pero más bajito”, y, de este modo, podría ser el próximo Secretario General. Aunque esperar que, con su perfil, pudiera ser la persona que sacara al P(SO)E de su colapso era un tanto ilusorio. Más bien, creo que se propició su candidatura para que la Sra. Díaz no se presentara sola, dándole así a las elecciones mayores visos de credibilidad democrática al haber dos candidatos.

Por último, Pedro Sánchez, al que la “fontanería” del partido daba por amortizado, está representando la gran esperanza de aquellos militantes que, aunque pocos, aún quedan, y creen que la formación fundada hace ya más de un siglo todavía tiene opción de ser una fuerza de izquierdas, impulsora de un cambio y de una regeneración democrática. Claro que ellos deben tener noticias sobre este hecho más fidedignas que las mías, ya que yo no veo a este candidato, que en su momento propició un referéndum carente de todo compromiso político, y que firmó con C’s un compromiso cerrado y a espaldas de la comisión negociadora que estaba celebrando consultas con miras a un pacto que hiciese posible un gobierno de progreso, como a alguien en quien confiar. Pero, a pesar de que no ganará, es el candidato que suscita más entusiasmo popular.

Al margen de mi opinión sobre la derrota en las primarias del Sr. Sánchez, ya se encargarán los “Barones” y los “Jarrones Chinos” de mover los resortes para que esto suceda así. Me voy a permitir a hacer un poco de Política-ficción e imaginar que ganara el ya citado candidato Sr. Sánchez ¿No sería digno de ver a D. Antonio Hernando poniéndose de nuevo su chaqueta “sanchista”? o ¿Ver a todos los que preconizaron la abstención por el “bien de España? Podríamos volver a revivir aquellos shows en los que TVE, en la gala de fin de año, presentaba un transformista que se cambiaba de atuendo en segundos y a la vista del público, solo que aquí, no sería uno solo y el cambio sería de chaqueta.

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