Pobre Europa

La prepotente, la orgullosa, la cínica Europa empieza a morder el polvo, a rebajar sus humos y a resituarse en el lugar que en la actualidad le corresponde. Es como un barco que se hunde de donde intentan salir las ratas, véase la pérfida Albión con su Brexit. Podría ser que otras le siguieran.

Europa necesita una cura de humildad y reconocer que no es la que era. Ha sido traicionada por sus hijos, todos ellos bastardos, por sus rencorosos vecinos, por sus espoliadas colonias. Está siendo pagada con su propia moneda. Pero lo peor que le ocurre a esta nuestra vieja Europa es que su capitalismo liberal ha calado tan profundamente en sus huesos que, los liberales capitalistas que manejan su economía y política, se han despegado de ella y habitan la galaxia de la egoísta globalización.

Europa ha querido auto salvarse con la Unión Europea, pura entelequia cimentada en la desigualdad capitalista para provecho de unos pocos, o de uno solo “el capital” y sus tenedores.

Desde hace tiempo a Europa le falta humanismo. También le falta a USA, Rusia, China, India…

Lo que llamamos globalización no es otra cosa que rendirse cobardemente al proceso deshumanizador que nos va aniquilando como individuos, como personas. La globalización del consumismo, del bienestar con su hedonismo egoísta; la globalización de las mentes vacías y vientres sibaritas…La globalización que no tiene en cuenta la solidaridad, el respeto, la concordia y otros valores humanos es un monstruo que nos destruye y con el tiempo también se autodestruirá.

Si Europa quiere salvarse tiene que revalorizar la familia, la educación, la cultura (toda su cultura: literatura, música, pintura, escultura, las artes en general), y también la naturaleza. Recabar la importancia del pensamiento, del sentimiento. Mente y Corazón. Bien y Belleza.

Si Europa quiere salvarse tiene que salvar a la Persona, a la Familia, a la Sociedad y a la Naturaleza reeducándolas en la convivencia compartida y en armonía con los Derechos Humanos. La economía no es un bien supremo, tiene que ser un instrumento al servicio de la felicidad que nos deseamos.

Pobre Europa que sestea en sus ajados e históricos laureles.

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