Por un reconocimiento de la profesión docente (I)

Educar es quizás la actividad más noble que pueda llevar a cabo un ser humano hacia su prójimo. La educación no es simple instrucción, sino, ante todo, generosidad, como dice März, la educación es ayuda, un acto que nace de empeño, por qué no, de la necesidad natural, de conducir hacia algo superior al hombre en su forma de niño, a convertirlo en persona moral y en ciudadano siempre responsable.

El Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias de las Islas Baleares surge de la necesidad de organización de los licenciados y doctores en las antedichas facultades para la defensa de su ejercicio profesional que, mayoritariamente, se circunscribe al ejercicio de la docencia. En Baleares se pone en marcha dicha institución en el año 1922, siendo su primer decano el Dr. Luis Ferbal, catedrático de francés del Instituto General y Técnico. Pero la fundación de la institución acaece en Madrid en 1899 contando con personalidades tan ilustres como José Canalejas, que ocupó el decanato entre 1907-1911. La estructura de la universidad española tiene mucho que ver en la formación de la institución. Por aquel entonces la universidad española constaba de cuatro facultades: Derecho, Medicina, Filosofía y Letras y Ciencias. Las dos primeras alumbraban profesionales liberales con una actividad bien remunerada y de marcado prestigio social. Sin embargo, la así denominada desde la Edad Media «facultad menor», ya empoderada en rango de igualdad en el s. XIX – no se olvide la obra ilustrada de Kant El conflicto de las facultades, que muy bien refleja esa necesidad de emancipación- , nutría fundamentalmente los cuerpos docentes de las enseñanzas medias y del ejercicio de la arqueología, la restauración o la conservación del patrimonio. Fueron docentes quienes llevaron a cabo actividades museísticas, conservadoras y catalogadoras a menudo en su tiempo libre como ejercicio altruista y desinteresado. Ejemplos tenemos muchos en la historia reciente de España como el mallorquín Gabriel Llabrés Quintana, catedrático de instituto y fundador del museo de Cáceres, María Moliner, Antonio Rodríguez Moñino y un largo etcétera que constituyen los ancestros intelectuales a los que nos debemos quienes hoy ocupamos plazas docentes o guardamos algún tipo de relación profesional con la cultura. La condena del cuerpo docente siempre ha sido la virtud de su vocación. De un modo u otro, el CDL ha llegado al s. XXI y con justicia puede decirse que es el Colegio de los profesionales de la educación y de la cultura, acogiendo no sólo a los docentes de todos los niveles del sistema educativo, sino a profesionales como arqueólogos, restauradores, bibliotecarios, museólogos, antropólogos, asesores y orientadores educativos, intérpretes y traductores y, consecuentemente, velando por sus propios intereses y por la correcta praxis en su ejercicio profesional.

A nadie extraña la existencia de un colegio profesional de abogados, notarios, médicos, psicólogos o arquitectos. A todos ellos pedimos competencia y responsabilidad, ¿por qué no también al docente y al profesional de la cultura? La institución tiene 118 años, se agrupa en un Consejo General con sede en Madrid (www.consejogeneralcdl.es ) y es una corporación de derecho público. Demasiado tiempo y esfuerzo para arruinarla y pensar que es un atavismo inservible en el siglo XXI. Más bien ocurre todo lo contrario, si se quiere dignificar al docente y al profesional de la cultura lo primero que tiene éste que hacer es asegurar una institución que vele por sus intereses estrictamente profesionales más allá de cualquier tipo de acción meramente sindical y sin menoscabo de ésta. Ser profesor, ser museólogo, intérprete, arqueólogo, es una responsabilidad que tiene un impacto sobresaliente en la sociedad entera y que no puede quedar descuidada en modo alguno. La conciencia profesional es, pues, imprescindible para una buena praxis con clara finalidad social.

2 comentaris a “Por un reconocimiento de la profesión docente (I)

  1. Estimat Professor Jaume,
    Un article un poc distint del que ens hi té acostumats, encara que pel fons del seu missatge veiem clarament que porta la vostra marca.
    Personalment dir-li que estic d’acord amb la necessitat d’un Col·legi oficial dels docents que sigui fort i defensi els seus interessos, però crec que coincidirà amb mi que darrerament no ha hagut res d’això a Mallorca! He estat cercant informació sobre l’activitat del CDLIB durant els darrers anys i li he de dir que, encara que aquest any s’han fet algunes coses, he vist poca activitat que hagi tingut veritable repercussió pública.
    He descobert també que han hagut moviments per la constitució d’un nou col·legi per part de l’Assemblea de Docents, cosa que me pareix que neix més d’uns interessos polítics que d’una genuina vocació de servei, però que probablement s’expliqui per l’escassa activitat del col·legi oficial.
    Per tot això, vull dir-li que comparteixo la vostra reivindicació, especialment tenint en compte allò que passa dins alguns centres educatius, però també li dic que trob a faltar una major activitat del CDLIB i que esper que puguem veure més d’això en el futur.
    Salut!
    Tolo

    1. Jo conec al degà del col·legi, i puc dir-te que és una persona molt feinera i que sí que s’han fet i s’ estan fent coses de repercució pública: la Lliga de debat, el Pacte per l’Educació, les conferències del Diario de Mallorca… És veritat que se poden fer més coses, però és necessari el compromís dels professors mateixos amb la institució per tal de que faci més del que ja fa amb els recursos que té.

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