Preparando la Semana Santa

Cada día nos vamos acercando a la celebración de la Semana Santa y Pascua. No todos preparan estas fiestas de la misma manera, porque también las viven de modo diferente, incluso los que se dicen católicos.

Unos las aprovechan para descansar o viajar. Otros las pasarán trabajando. Unos las vivirán en un contexto meramente primaveral, otros desde la tradición social con mayor o menor fe. También los hay que preparan la Semana Santa con seriedad y devoción desde sus personales vivencias y convicciones, desde sus prácticas religiosas. Me voy a referir a estos últimos.

Los hay que la manifestación de su fe se reduce a las procesiones. Estos días preparan las vestas, túnicas, capirotes, los uniformes, los hachones, las varas, las cruces y los estandartes. Se preparan los tronos y las imágenes. Se ensayan los pasos de los costaleros y las bandas de tambores y trompetas, las músicas.

Otros añaden a todo esto sus vivencias cuaresmales participando en charlas, Viacrucis, celebraciones penitenciales. Y dejan de fumar o beber o se imponen algún que otro sacrificio durante la Cuaresma. Viven la Semana Santa enraizados en su vida parroquial o en su grupo cristiano.

También los hay que viven perfectamente la Semana Santa sin participar, ni como meros espectadores, en las procesiones; pero sí participando en los Oficios del Jueves y Viernes Santos y en la Vigilia Pascual.

Si combináremos todas estas actividades y posicionamientos arriba indicados obtendríamos una amplia visión de conjunto de la Semana Santa y de su preparación. Pero no sería completa porque hasta ahora no han aparecido aquellas personas que participan o utilizan las procesiones para cumplir “una promesa”.

Aquí el abanico de participantes y sus “promesas” es muy variopinto. No voy a bajar a detalles, ni a juzgar o calificar promesas… pero si quisiera decir que el principio de racionalidad debería imperar. Hay promesas absurdas, que van contra el espíritu cristiano y evangélico; porque van contra la salud y el quinto mandamiento que dice “No matar”, no autolesionarse también. Esas promesas llevadas a ciertos extremos es un desafío al amor de Dios o de Nuestra Señora. O también es un exhibicionismo malsano. Las Cofradías que lo permiten son sus cómplices y a la vez responsables de tales malformaciones.

Hay que preparar la Semana Santa, hay que vivirla siguiendo y meditando la vida de Jesús, su Madre y la de los Apóstoles, es decir repasando los Evangelios para conocer más a Jesucristo e imitarle en su amor y servicio al prójimo. También al amor y respeto a sí mismo.

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