Propuesta para el fin del embargo

Aprovechando que Raúl Castro y Barack Obama están “interactuando” en la VII Cumbre de las Américas, voy a completar, con un objeto práctico, mi artículo anterior. En él, comentaba el tema del mítico “bloqueo” de los EEUU a Cuba, omitiendo, por darla por supuesta, la causa que lo originó. El embargo comercial a Cuba (de carácter parcial) fue decretado en octubre de 1960 por el presidente Kennedy en respuesta a la incautación por parte de Fidel Castro de los bienes de las empresas y particulares estadounidenses radicados en la isla y cuyo montante mínimo se cifra en 7.000 millones de dólares. Ésta es precisamente la cuestión más peliaguda para el cese definitivo de aquél. Y esto es así, porque el estado cubano carece de plata para afrontar las indemnizaciones que harían falta para resarcir a los propietarios de todos aquellos bienes expropiados (refinerías, centrales eléctricas, ingenios azucareros, empresas de comunicaciones, hoteles, plantaciones varias, fábricas de tabaco y una miríada de casas palaciegas y carros de semilujo). Tengo para mí que el presidente Obama sería capaz, si de él dependiera, de obviar este espinoso punto; pero no así el Congreso de los EEUU, que es el órgano potestativo para derogar el embargo en términos absolutos.

Yo, si se me permite el atrevimiento, creo tener la solución a este problema fundamental. Vale que Cuba no tiene plata (“cash”) para abonar indemnizaciones de ningún orden; pero sí tiene tierras para afrontar las compensaciones que hagan falta. Nosotros, los mallorquines, somos muy conscientes del valor del suelo, especialmente el del suelo edificable, por lo que no me ha resultado difícil pergeñar el plan. Éste consiste en lo siguiente: A los particulares estadounidenses expropiados por la Revolución se les indemnizaría con parcelas urbanas (con derecho a construcción), y a las empresas expropiadas se les compensaría con la autorización a volver a operar en la isla; autorización que estaría ligada a una exención de impuestos durante una serie de años.

Hay que tener presente que entre los particulares incautados se encuentran familias que han acabado en la pobreza. Aquellas personas que no tuvieran dinero para construir en las referidas parcelas, podrían venderlas con relativa facilidad, dado el enorme atractivo que va a tener la inversión inmobiliaria en Cuba una vez que se abra a los EEUU.

En lo que respecta a los beneficios fiscales, eso es algo que, en cierto grado, ya está funcionando para las empresas extranjeras no norteamericanas que se han instalado en el puerto franco (capitalista) de El Mariel, por lo que mi sugerencia no puede sonar descabellada a Raúl Castro.

Esta sugerencia no implica necesariamente que Cuba tenga que aceptar el derecho a propiedad privada de extranjeros sobre suelo cubano, pues la cosa jurídica podría quedarse tal como está hoy; a saber: las parcelas con derecho a construcción, en vez de entregarse en propiedad, se transmitirían en concesión por 99 años. Así, el estado cubano podría avenirse a la demanda histórica de los EEUU sin necesidad de dejar de ser comunista (al menos, formalmente).

Lo importante es que, de una forma u otra, los confiscados por la Revolución sean indemnizados. Con indemnizaciones, se acabará el embargo de forma legal y definitiva.

PD: Esta propuesta, primicia para El Periscopi, va a ser enviada al gobierno de USA. Si hay respuesta, se compartirá con los lectores.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *