¡Qué viene el Coco!

El mensaje del miedo. Las personas que residimos en las islas, estamos sometidas continuamente a unos controles de seguridad aeroportuaria abusivos y que distan del propósito o fin para las cuales están concebidas. Siguiendo el modelo americano, como infalible, han adoptado el miedo, la desconfianza y la sospecha de todas aquellas personas que por diferentes motivos emprendemos la odisea de realizar un viaje en avión, dispuestos a pagar por todo ello el precio que los vigilantes, encargados de nuestra seguridad, estén dispuestos a exigirnos. Un precio que vulnera considerablemente nuestros derechos y atenta contra la intimidad personal de forma aleatoria y arbitraria a través de una falsa seguridad.

Una parte de nuestra privacidad y de nuestra dignidad como personas se pierde en un corto espacio, en un arco de seguridad. Cedemos nuestros derechos y nuestra libertad a unos desconocidos, ante una normativa represiva e inútil que esconde un negocio en manos de otros desconocidos. ¿Acaso una botella de cristal, vendidas una vez traspasada la línea, no es un arma si se rompe? ¿Son las verjas que rodean la pista un impedimento para cualquier terrorista? ¿Qué sentido tiene deshacernos de nuestras botas? ¿Acaso no pasamos por el arco? ¿Para qué sirven los detectores manuales si no se utilizan? ¿Acaso las bandejas donde se depositan los objetos personales cumplen con alguna normativa higiénico-sanitaria? Y una cuestión fundamental: ¿qué nos cuesta anualmente esta falsa seguridad?

Perseguimos unos fines de bienestar en pro de la seguridad y a expensas de nuestra libertad, como dictan países como EEUU o Inglaterra. Ellos han sido víctimas en unas circunstancias y han marcado las normas. El 11M nos recuerda el atentado más grande en España, no ha sido en un avión, ni utilizando un cortaúñas o un frasco de colonia de 100 ml.; sin embargo la estación de atocha recuperó su actividad gracias a la “normalidad” y no por una seguridad represiva, abusiva y contraria a tranquilizar a todo usuario dispuesto a desplazarse con un tren de cercanías, merced de sus derechos y libertades individuales. Unas suficientes y eficaces medidas de seguridad, bajo el respeto, la legalidad y con personal de las fuerzas de seguridad del Estado en beneficio de los derechos y deberes que son reconocidos a todos los españoles para su defensa y protección.

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