Queremos

Lo admito, tengo una gran admiración por la gente de izquierdas. Admiro esa capacidad de falsear la realidad sin ningún ápice de sonrojo ni de vergüenza. Admiro esa capacidad para ver la botella medio llena o medio vacía según tengan sed o estén saciados. Admiro esa capacidad de tapar con un dedo la luz del sol o de encontrar una aguja en un pajar según convenga…

Porque alguien de izquierdas es alguien capaz de montarte un circo por construir cuatro rotondas, cuando él construyó más de cincuenta (sin que pasase nada). Porque alguien de izquierdas es aquel que condena sin pruebas a cualquiera que no sea de los suyos, pero calla cuando en su casa se defrauda a Hacienda o cuando uno de sus alcaldes es condenado a 28 años de inhabilitación…

Pero así es la vida… El ser de izquierdas es como tener el VIP en la discoteca de moda, es como ser ciudadano americano en una peli de Hollywood o ser el hijo del jefe en la empresa de papá. Hagas lo que hagas, eres de izquierdas. Puedes arruinar un país, puedes recibir fondos de un estado con un sistema democrático más que dudoso, puedes aprobar un mamotreto frente a la costa que ponga en peligro nuestro principal motor económico… Pero como eres de izquierdas, no pasa nada… Total, siempre habrá alguien a quien darle la culpa, y ya vendrán otros para arreglarlo…

Durante este último año han surgido varios movimientos (de izquierda) llamados a salvar al mundo. Han venido a explicar al partido de Miguel Ángel Blanco o al de Ernest Lluch y al de tantos otros que perdieron su vida en defensa de la Libertad, lo que es la Democracia… Han venido a decirnos que pagar lo que se debe es de insensibles, que cumplir los compromisos internacionales es de tontos, y que todos estamos equivocados menos ellos, y que lo que hay que hacer es gastar más y trabajar menos…

Eso sí, ellos son diferentes, ellos son partidos de “personas” que “defienden a las personas”… Lo que hace pesar que los partidos que no son de su cuerda están formados por entes extraterrestres, que los partidos a los que ellos llaman “tradicionales” ostentan la representación que ostentan “por la gracia de Dios”, y que durante más de 30 años a los españoles alguien les ha dicho lo que tenían que votar, como pasa en otros países que tanto les gustan.

Pues no señor, no podemos, pudimos. Pudimos dar a este país unas instituciones democráticas, basadas en el Estado de Derecho y en la Libertad de las personas, y se las dimos. Y no ganemos, ganamos. Ganamos el mayor periodo democrático que ha vivido nuestro país y del que hoy disfrutamos todos. Y lo hicimos entre todos, españoles de derechas y de izquierdas, del norte y del sur, del este y del oeste… Y queda mucho por hacer, pero lo haremos conforme a las reglas del juego que entre todos hemos establecido, desde sensatez y la verdad, y no desde el engaño y la manipulación.

Porque un país es mucho más que un laboratorio, y unas elecciones son mucho más que un experimento, porque la solución a los problemas del siglo XXI no son las políticas fracasadas del siglo XX, y porque no podemos dejar nuestras instituciones en manos de quienes las desprecian… Por todo ello, y por mucho más, los españoles no solamente podemos, sino que queremos. Queremos seguir construyendo un país en Libertad, queremos mejorar nuestro bienestar social, y queremos devolver a los ciudadanos las oportunidades que jamás debieron perder. Queremos, y no sólo queremos, sino que lo haremos, como siempre lo hemos hecho, como hicieron nuestros abuelos e hicieron nuestros padres, y lo haremos para que nuestros hijos puedan seguir haciendo, para construir un país mejor, un estado más justo y un mundo más libre.

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