Reflexiones de fin de año

Este mundo me supera y ya no sé qué contarle a mis hijas. Siempre sospeché que por mucho que me esforzara en prepararlas y educarlas para afrontar el mundo y la vida, muchas de las enseñanzas válidas en el mundo actual probablemente no lo serían para su mundo de adultas en el futuro. Pero bueno –me decía- eso les pasó también a mis padres y es -digamos para mi consuelo- ley de vida. Y, en definitiva, ya se sabe que lo importante no es lo que les cuentas sino el ejemplo que les das. Y ahí se supone que iba la enseñanza de estar preparada para afrontar diferentes situaciones y amoldarse y para eso llevaban su mochila cargada de honestidad, justicia, igualdad, formación, educación y cultura, con eso debía ser más que suficiente.

Pero el problema es que lo que podría pasar en el futuro, en un cambio de generación, que ya era difícil de predecir, ahora se ha acelerado de tal manera que cambia por semanas, por días, por horas. ¿Qué pasa cuando no puedes predecir ni lo que pasará mañana, si no tienes ni idea de los patrones que guiarán el mundo el año que viene?

Y no me refiero a la incerteza del futuro que todos afrontamos cada día, sino a la imposibilidad de predecir las leyes que regirán el sistema, la moral o la justicia, ¿cómo afrontamos un mundo que no sabemos cómo se va a regular?, ¿cuál va a ser el razonamiento que nos ha de guiar?, ¿qué será lo fundamental para desarrollarse como persona, para ser feliz, para sobrevivir en definitiva?

Porque tal y como están las cosas y como apuntan… ¿Qué tengo que decirles, que lo único importante es tener dinero y contactos para sobrevivir ahí arriba? Eso sí, sin ningún tipo de ética ni moral. ¿Qué no se preocupen por lo que es correcto o legal, ni siquiera por estudiar, formarse o ser cultas? Lo importante, queridas mías, son los contactos arriba, eso es lo único que os salvará.

Así que debería ir cortando con toda la tontería que les he ido inculcando estos años sobre la igualdad de género, la igualdad de oportunidades, la igualdad sin adjetivos. ¡Qué cúmulo de sinsentido! Lo importante es que en este mundo están los de arriba -acomodados y los de abajo – indignados (ya casi ni enfadados) y que lo único importante es estar con los de arriba, sin importar cómo.

Vamos, la vieja, querida y olvidada lucha de clases, pero sin conciencia, nada de defendernos los unos a los otros desde abajo contra los de arriba, porque aquí nadie lucha ya, y tampoco voy a educar mártires, mejor aprender cómo trepar hacia arriba dejando la conciencia y los escrúpulos por el camino.

Dejando la ironía a un lado, me temo que ya es tarde para eso, ya copiaron el ejemplo o ya lo llevaban impreso en el ADN, ya engancharon el camino de la decencia, de la ética, de la defensa de la igualdad, de los derechos, de la justicia… qué desastre, qué desasosiego…

3 comentaris a “Reflexiones de fin de año

  1. Fantástico, muy buen artículo, yo que soy tu madre y que comparto todo lo que dices, te aseguro que después de este artículo puedo decirte, lo hice bien, las educamos pensando en lo mejor y el resultado me enorgullece extraordinariamente. Felicidades.

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