Reflexiones incorrectas

En las fiestas navideñas pretendemos dejar en el baúl de los recuerdos, aunque sea temporalmente, desdichas, fracasos, soledades y un inmenso etcétera. No siempre se consigue. Se centran básicamente en su vertiente familiar: se reúne la familia próxima y a veces la extensa, y no resulta extraño que una vez en la sobremesa y con algunas copas de más, concluyan las comilonas como el rosario de la aurora. A la par es el sumum del consumo: regalo a troche y moche, marca tras marca, juguetes rosa para la niña y azul para el macho, alta tecnología de imposible uso para hijos/hijas. Y para mayor gloria y placer tales fiestas se adelantan con una excusa u otra, como la inconmensurable Black Friday.

Lo correcto es (o debería ser) no meterse en berenjenales, y a lo más algunos chascarrillos referentes a tales o cuales. En el número 309 de Quaderns Gadeso correspondiente al presente mes de diciembre se reflejan los comportamientos, opiniones y gastos, de nuestros conciudadanos. Los resultados globales son muy similares a años anteriores, con un pequeño aumento (0,7%) de gasto medio total (617 euros), resaltando los regalos (41.9%) y comidas/cenas (29,3%). Todo previsible y correcto. Pero si entramos en detalle se perciben diferencias significativas. Pero comienzan nuestras incorrecciones al bucear en los resultados cuantitativos y cualitativos según la pertenencia a tal o cual clase y/o segmentación social.

Primer dato relevante, en coherencia con el último informe Oxfam que sitúa a España como el cuarto país de Europa con más diferencia de rentas, el gasto navideño previsto por las denominadas clases altas (1.493 euros) asciende respeto a años anteriores, y es siete veces superior al gasto estable de las personas de clase baja (214 euros) formado por parados de larga duración, jubilados con pensiones míseras (haberlas, haylas). Y también los asalariados con contratación precaria (vgr. a tiempo parcial) que no percibirán ningún tipo de prestación durante este invierno,  en torno a 27.000 personas de los 68 mil parados con los que Balears cerró noviembre. Y ello a pesar de las bondades de la temporada alta, incluida su prolongación.

Segundo dato significativo, la “clásica” clase media se ha disgregado y sufrido en sus pieles las consecuencias de la crisis. Una parte significativa ha perdido su estabilidad en el puesto de trabajo (vgr. contratos temporales) situándose en grave riesgo de exclusión económica y social, y su gasto navideño disminuye (430 euros) aunque dobla el de los sectores socioeconómicos ya instalados en la marginación. Otra parte de las denominadas clases medias gozan de un trabajo estable (aunque pueda ser fijo discontinuo, autónomo…) pero con inseguridades, incertezas, y con escasas perspectivas de futuro, su gasto oscila entorno a los 600 euros. Hoy, puede y debe hablarse de trabajadores pobres, también en Balears un 26,3% de la población de las Balears puede estar en riesgo de pobreza. Es el retrato de una sociedad profundamente desigual, y así se ha querido reflejar en el título del ya citado Quaderns Gadeso: “Sociedad desigual, consumo desigual”.

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