Rogad el voto, suplicad la nacionalidad

¿Qué sería exactamente ser español? La pregunta puede tener varias respuestas -depende de si se enfoca desde un punto de vista estrictamente ‘legalista’ o si hablamos también de sentimientos-, aunque parece que para el Gobierno la españolidad la marcan las preguntas de esos “exámenes de españolidad”, esas parodias ridículas para probar la “integración” a los inmigrantes.

Ser español no es pasar un examen. Ser español, o ser ciudadano de un país -con sus derechos y sus deberes- no se pierde, pero conseguirlo puede ser difícil, hay que suplicarlo. Acabamos de conocer en Eivissa el caso de la niña cuyos padres marroquíes residen sin problemas en nuestra isla desde el 2003 pero que “no han justificado suficientemente el grado de integración”, y que en el registro civil le han llegado a preguntar “si no estaban contentos con la nacionalidad que tenía” o “si tenía amigos españoles”. Una humillación a la cual nadie debería estar sometido, y menos una niña de 7 años y que, recordémoslo, nació en Eivissa y, claro está, tiene amigos españoles.

Hay que terminar con el sinsentido de los cuestionarios a los inmigrantes, debemos dejar de pensar que el grado de integración en una sociedad multiculural se define respondiendo a unas preguntas absurdas. La integración no pasa por el registro civil, como en el caso de la niña marroquí. Ni por la Audiencia Nacional para saber la discrecionalidad de las preguntas. La integración debe ser un proceso en el que el estado permite que todos nos sintamos cómodos en su definición y con su Constitución.

Y ya que hablábamos de ‘españolidad’, creo que es pertinente recordar que el derecho a decidir -una de las garantías democráticas que propulsa Podemos- es básica para la no desintegración de una nación. El derecho a decidir genera integración porque ésta se genera desde el consenso. Me gusta recordar esta frase del artículo 28 de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1793 y que recordaba que  “Un pueblo siempre tiene derecho a revisar, reformar y cambiar su Constitución. Una generación no puede someter a sus leyes a las generaciones futuras”. Así que para que todos nos sintamos integrados, debemos poder participar en este cambio y las próximas elecciones serán vitales para generar procesos nuevos para la integración real de la sociedad Española.

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