Si la memoria no es histórica, tampoco es memoria

Ignoro por qué se sorprende la prensa, sobre todo la anárquica y la liberal, ambas a partes iguales, de las muestras de fidelidad rampante a la egregia figura del Generalísimo que tuvieron lugar el pasado domingo en todo el país. Cualquiera diría, que no entraba en sus planes nada parecido, cuando se sabe que desde que murió Franco nunca se ha dejado de conmemorar el aniversario de su fallecimiento. Como siempre que eso sucede, también en esta ocasión ondearon al viento las banderas preconstitucionales, rindiendo culto a la memoria del sátrapa que gobernó España durante casi ocho lustros. Aunque por fortuna, todo hay que decirlo, cada nuevo año que discurre disminuyen en número quienes se reúnen al amparo de las organizaciones convocantes, como Falange y Fuerza Nueva entre otras, pero aun así no les faltaron los acólitos para celebrar a lo grande una fecha tan significativa para esa gente.

Si me preguntan cuántas veces he sacado a colación en mis artículos, la necesidad perentoria de enaltecer el pasado con un recuerdo sincero hacia quienes nos precedieron, no sería capaz de precisarlo. Directa o indirectamente -deseo que quede claro- siempre he sido un defensor acérrimo de la memoria elegíaca, pero pretender convertir el aniversario de la muerte del Caudillo en una fiesta no tiene ningún sentido para quienes defendemos el derecho de los damnificados por lo que quiera que hiciese de reprochable Franco Bahamonde, durante y después de la Guerra Civil.

Nada justifica sin embargo que, transcurridos nueve años ya de que se aprobarse la Ley 52/2007, todavía sea posible cruzarse con individuos que no solamente son incapaces de apreciar un gesto de conmiseración en el otro, por pequeño que éste sea, hacia las víctimas republicanas o a sus descendientes, sino que además se atreve a juzgar como una ignominia, en el supuesto proceso cicatrizante iniciado con la Transición en 1978, remover la tierra en busca de lo que ellos consideran sólo excusas para alimentar de nuevo la animadversión y el odio entre las dos Españas.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *