Simplemente un mandao

La portavoz de Podemos en el Parlamento de las Illes Balears, Laura Camargo, señaló el día seis de febrero último ante los medios de comunicación que Picornell “hará un muy buen papel como presidente del Parlamento y sabrá representar todas las sensibilidades”.

Se le deberían haber atragantado estas palabras, si tuviera un mínimo de vergüenza, ayer día 14 de marzo cuando el mandao (apócope de la palabra mandado, que es una criatura diurna perteneciente a la mitología chilota, escogido como un ayudante diurno de los brujos) de President del Parlament de les Illes Balears, propuesto por Podemos, echó fuera del hemiciclo al público asistente y a los periodistas cuando precisamente iba a tratarse una moción sobre transparencia.

Un candidato propuesto con la amenaza incluida al PSIB-PSOE (quién te ha visto y quién te ve) y a Més de que si se atrevían a no votarlo a la primera supondría romper con los acuerdos por el Cambio firmados por estos partidos al inicio de legislatura.

A uno se le han olvidado ya las amenazas de ruptura que han realizado esta sarta de impresentables que de todas formas no van a hacer efectiva hasta medio año antes de las próximas elecciones para poder poner a parir a los actuales partidos en el Govern, y si no, al tiempo, aunque van a ir amenazando durante todo el resto de legislatura. Eso y cobrar más de los tres sueldos mínimos es lo único que saben hacer bien, han aprendido tan rápido de la antes tan denostada casta que ya les están alcanzando en cuestión de corruptelas, porque trabajar, lo que se dice trabajar para el bien del pueblo brilla por su ausencia, ni proyectos, ni ideas, ni proposiciones, nada de nada.

En el colmo de la sinvergonzonería, Jarabo acusó a los socios del Pacte de no querer a Baltasar Picornell porque era “carpintero metálico”, una profesión “muy digna”, sin pensar que no se trata de la profesión que es tan digna o tan indigna como otra cualquiera, sino del personaje y de la preparación, del bagaje cultural, político, social, sindical, económico, educacional, etc. que pueda exponer como méritos para merecer que le eleven a la presidencia del Parlament de las Illes Balears, méritos a añadir al de ser un mandao del secretario general de Podemos en Baleares (resultado: ninguno). Un Jarabo que, por cierto, aun no ha dejado lo suficientemente clara y diáfana su vinculación con los nombramientos en la cúpula de IB3, y sobre el aumento de los contratos a su (según dice la Camargo) anterior productora y que “desde que Jarabo pasó a dar apoyo al Govern, la factura de la empresa se ha disparado”, según los informes que se pasean por ahí.
Volviendo a lo del trabajo digno o no, quiero recordarle al tal Jarabo que José Luis Corcuera Cuesta, antiguo electricista de Altos Hornos de Vizcaya, a la edad de 43 años, fue nombrado ministro del Interior el año 1988, cartera que mantuvo hasta el año 1993.

Procedente de la clase trabajadora y afiliado a la UGT y al PSOE, en 1976 había dejado su puesto de trabajo de electricista para colaborar en la central sindical. En el año 1985 renunció a su cargo de secretario de acción reivindicativa en la ejecutiva federal del PSOE. Este obrero vasco, primer ministro sin ningún título universitario, tuvo una formación autodidacta. Solía decir que aprendió economía y derecho negociando el Acuerdo Nacional de Empleo (ANE) y discutiendo otros pactos al lado de gentes como el entonces vicepresidente Fernando Abril Martorell.

Una persona con currículum del que ningún mezquino (que carece de nobleza, generosidad y dignidad; que resulta miserable por tener sentimientos bajos o buscar en todo momento su provecho) aprovecho su falta de titulación universitaria para amenazar, amedrentar, insultar a nadie.

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