Sin permiso y marcando el paso

A pesar de los esfuerzos que hace el partido de Albert Rivera por presentarse como esa nueva derecha -perdón- centro-derecha “cool” son muchos los tics que les asemejan a las viejas ideas que rezuman machismo por los poros. Machismo revestido de “modernidad” pero tan implacable como el de siempre.

Hace unos meses, Ciudadanos nos sorprendía con la propuesta de legalizar la prostitución. Espero que ésta no sea su fórmula para sacar de la crisis a los millones de mujeres que padecen en nuestro país la pobreza y la precariedad laboral. Desde luego, no he escuchado de esta formación una crítica a la reforma laboral del PP o cómo ha afectado a las mujeres trabajadoras y a sus derechos. Sí he escuchado en cambio una propuesta del agrado de la Patronal respecto al contrato único y despido libre. Lo que defendemos los socialistas es que ninguna mujer se tenga que ver en la tesitura de prostituirse por encontrarse en una situación de vulnerabilidad social, por ello derogaremos completamente la reforma laboral, apostando por un nuevo Estatuto de los Trabajadores y pondremos a disposición de las 700.000 familias en riesgo de exclusión un ingreso mínimo vital.

Este “nuevo” partido tampoco nos ha dejado indiferentes respecto a la postura del derecho a decidir de las mujeres. La idea de Rivera respecto a la interrupción voluntaria del embarazo está en la línea del Partido Popular: “el aborto no es un derecho, sino un fracaso de la sociedad”. Obvian -por desconocimiento o mala fe- que la ley orgánica de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo que tenemos en vigor desde 2010, reconoce el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en el marco de las 14 primeras semanas. Por tanto, señores y señoras de Ciudadanos, dejen de juzgar a las mujeres y de extrapolar una decisión personal, libre y meditada al conjunto de la sociedad bajo el calificativo de “fracaso colectivo”. Lo que haga cada una, es cosa suya y de su conciencia. El Estado, lo que debe hacer es velar y garantizar la autonomía personal y poner los medios a disposición para que las mujeres puedan decidir libremente si continuar o no con su proceso de gestación. El fracaso colectivo es que a día de hoy todavía haya partidos paternalistas que quieran tutelar y prejuzgar moralmente la decisión de miles de mujeres.

El último episodio de neomachismo que ha desatado estos días la indignación en las redes sociales, lo han protagonizado las mujeres de Ciudadanos en un spot de campaña electoral. Después de reconocer los avances de las últimas décadas de las mujeres en España -sin mencionar -por supuesto- el papel de los gobiernos socialistas que han acompañado y liderado esas transformaciones feministas, lanzan el desafortunado eslogan: “las mujeres del siglo XXI no pedimos permiso, pedimos paso”.

¡Mal, van ustedes muy mal encaminados! No se trata de levantar la mano para que nos den palabra, ni de esperar el turno como en la carnicería, como recordaba al otro día Pedro Sánchez “los derechos se conquistan, se protegen y se ejercen”.

¿Acaso creen que mujeres como Cristine de Pisan, Olimpia de Gouges, Mary Wollstonecraft, Concepción Arenal o Clara Campoamor levantaron la mano para pedir paso? Pusieron voz a las demandas y necesidades de las mujeres y abrieron paso, sin permiso, sin rogar, con la fuerza de la razón y la convicción. Con decisión.

No señor, las mujeres no pedimos paso, defendemos y peleamos por nuestros derechos y el de todas las mujeres. Una cita inminente la tenemos con las urnas día 20 de diciembre. Conviene leer la letra pequeña, los discursos y las prácticas políticas que hay detrás de cada formación. Las mujeres nos jugamos mucho en estas elecciones.

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