Sobre la desintegración de la dignidad de la Universidad

Escribía hace años Jordi Llovet un precioso Adiós a la Universidad, no sólo ante su inminente jubilación, sino como despedida ante un mundo que ya había perdido su aura definitivamente. Entre biográfico y filosófico, cercano a la orteguiana Misión de la Universidad en algunos pasajes, Llovet nos dejaba un sabor agridulce a los nuevos profesores que tratamos de hacernos un hueco en la institución. Por una parte, un lenguaje cuidadísimo, por otra, un futuro negro. Con lo primero no puedo competir, sin embargo, debo confesar que no hay lugar para un excesivo optimismo aunque sólo sea para tratar en estas páginas ciertas «superficialidades» a los ojos de algunos que otros creemos muy serias ¿seremos románticos irredentos?

Nueve de la mañana, Su Señoría cruza las puertas del juzgado. Todos le saludan. El tratamiento, en el peor de los casos, de usted. Llega a su despacho, vistilla; letrados y demás personal del juzgado indefectiblemente «Su Señoría». Vista oral: toga y puñetas, estrado ¡y eso que la justicia va lenta y casi nadie cree en ella! Letrados: «Con la venia Su Señoría…» Juez: «El señor letrado….» o «El ministerio fiscal tiene la palabra». El Letrado de la Administración de Justicia –de toda la vida Secretario judicial- redacta al dictado el auto y finaliza dando fe de las palabras, nuevamente, de «S.Sª» y así debe ser. Lo mismo juez que letrado comparecen revestidos de toga que, como dice el Estatuto de la Abogacía en su artículo 57. 1 « Los  Abogados  intervendrán  ante  los  juzgados  y  tribunales  de  cualquier  jurisdicción  sentados  en  el  estrado  al  mismo  nivel  en  que  se  halle  instalado  el  órgano  jurisdiccional  ante  el  que  actúen y  vistiendo  toga, adecuando su  indumentaria  a  la  dignidad  de su función.» Las últimas palabras son especialmente significativas: la indumentaria se adecua a la dignidad de su función. Imagínese la estampa de un profesor con pantalones cortos, sandalias y camiseta revestido de toga el día de la ¿solemne? Apertura de curso. ¿No lo ven? Les aseguro que quien estas líneas escribe lo ha visto, como examinar con la misma indumentaria aunque ya sin toga o pasearse en traje de baños por la facultad. Está claro que profesor es cualquiera.

Continuemos con las profesiones de prestigio. Los médicos, doctores sin título de doctor las más de las veces, galenos siempre y matasanos a veces, usan bata blanca aunque sean psiquiatras que no verán una sola gota de sangre y se pasean con la estola-fonendoscopio aunque los desalmados huesos de sus pacientes traumatológicos no emitan sonidos tan sutiles como los pacientes cardíacos o pneumatológicos. Un buen semi-dios, ante todo, debe guardar las apariencias. Entras en urgencias, te atienden los enfermeros que, recordemos, ahora ya pueden optar al grado de Doctor en enfermería, aunque nadie les llamará «doctor», después de realizar su trabajo, oyes indefectiblemente: «ahora vendrá el doctor». Te llaman de administración para comunicarte que se ha cancelado la cita con el Doctor o la Doctora X, y así. No hay nada como un buen tratamiento, ya sea letrado, señoría o doctor para ser alguien y ser tomado en serio. ¿Y es poca cosa eso de que le tomen a uno en serio?

Volvamos a la facultad donde algunos profesores van en bañador y sandalias con calcetines deportivos, donde el último auxiliar administrativo de un hipotético servicio de relaciones internacionales cuelga el teléfono abruptamente ante los requerimientos de un profesor, donde el becario de la biblioteca pasea descalzo o donde las comunicaciones dirigidas al profesorado –en su mayoría con un doctorado sacado con no poco sudor- van encabezadas con un escueto«Sr.» la misma donde mandan más los alumnos y los administrativos que los profesores. ¿Se imaginan lo mismo en un hospital?, ¿en un juzgado?, ¿en una notaría? Y eso que tenemos a nuestro cargo la educación de todos esos futuros profesionales. ¿Alguien pretende que un colectivo con semejante aspecto sea tomado mínimamente en serio? No es que se le deba tomar en serio, es que ni nosotros mismos nos creemos que merezcamos tal seriedad. El hábito no hace al monje, pero el hacerse monje y el ser reconocido como tal empieza por ponerse el hábito.

6 comentaris a “Sobre la desintegración de la dignidad de la Universidad

  1. Hem retirat un comentari de “jas” perquè feia acusacions molt greus a l’autor sense proves. No és l’objectiu d’aquest Periscopi donar veu a disputes de caire personal.

  2. Si el vostre objectiu no és donar veu a disputes de caire personal, potser us hauríeu de plantejar retirar aquest article d’opinió, ja que fa acusacions personals molt greus i tampoc en teniu proves.

  3. Sempre he cregut que el respecte es guanya dia a dia i que ens el mereixem en la mesura que l’exercim. En realitat no depen de títols, ni d’edats, ni de posicions socials. Tant mereixedor de respecte és el Rector com l’auxiliar administratiu. El que duu corbata de marca o el que vesteix de segona mà. El respecte es guanya fent la feina amb dignitat al nivell que ens pertoca i tractant dignament els altres. A la universitat els doctors seran respectats en la mesura que facin bones classes i investigacions de qualitat, i si són respectuosos amb els seus alumnes i amb els altres investigadors i amb els administratius i els bibliotecaris i el personal de neteja. El títol ja el tenen i potser els hi dóna un estatus, i l’accés a un sou digne, i un cert poder, però el respecte i l’autoritat se l’han de seguir guanyant cada dia, amb els seus actes, amb la seva actitud, amb el seu exemple. I si són tant respectuosos amb el Rector o amb els catedràtics com amb l’alumne col.laborador o l’auxiliar de biblioteca interí que atén el taulell i que, sense posar-ho als crèdits, a vegades, també té un doctorat.

  4. Estimat Professor Jaume,
    veig que les vostres paraules no sols tenen una cada vegada major arribada, sinò també efectes reals entre els seus lectors, igual que entre els seus alumnes, així que li dono la meva enhorabona.
    Tothom qui s’ha passejat a la UIB sap el que hi ha i, encara que podriem matisar un parell de coses que vostè diu, me pareix que té bastant raó en general: hi ha una creixent desintegració de la dignitat de l’universitat en general, i de la nostra en particular!
    Certament, l’usuari PAS té raó quan diu que el respecte es guanya dia a dia i en que el mereixem en la mesura que l’exercim, però jo afegiria que l’exercici del respecte implica també un comportament oportú a la feina que es fa i una estètica adequada a la dignitat de la institució on la persona es troba: l’universitat no és el mercat del poble! Sincerament, moltes vegades vaig trobar a faltar això entre els membres del personal de l’universitat, i potser s’hauria de parlar seriosament amb els responsables pertinents per veure de canviar les coses.
    Per una altra banda, podriem parlar de l’ús de l’anonimat a l’hora de criticar escrits d’una persona pública que està donant la cara a l’hora de defensar les seves idees, però això potser ho deixarem per un altre moment.
    Salut!
    Tolo

  5. Atacar. Atacar desde el anonimato y llamarse Kant. ¿Será un estudiante furioso? Quizás… ¡Dios nos salve! ¡Qué no sea de Filosofía! ¿De qué si no? ¡Llamarse Kant y contrariar la moral con esa falta de ética, llamarse Kant y contrariar la publicidad ilustrada que el célebre profesor de la Albertina proponía no pocas veces! ¿No habrá leído este Kant periscopado la ‘Crítica de la Razón Pura’? ¿No habrá leído ‘Respuesta a la pregunta: ¿Qué es Ilustración?’? No habrá leído la Metafísica de las Costumbres.

    No, no será estudiante de Filosofía. Si lo fuese, el ataque sería argumentado, racional y a la vista está que las razones ni están, ni se las espera… Si fuese un estudiante de Filosofía, no sería una emoción que vomita bilis pintada de palabras. Si fuese un estudiante de Filosofía, pretendería la razón y no el insulto.

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