Sociedad civil y poder político (I)

“Mientras los que gobiernan no entiendan que son nuestros servidores y no viceversa, no avanzaremos”. El término sociedad civil, como concepto de la ciencia social, designa a un conjunto de personas organizado voluntariamente, autogenerado, independiente y autónomo del poder político, que actúa de forma colectiva, toma decisiones en el ámbito público y que  se halla fuera de las estructuras gubernamentales.

Siguiendo el concepto tradicional  de Alexis Henri Charles de Clérel, vizconde de Tocqueville (1805-1859), pensador, jurista, político e historiador francés, precursor de la sociología clásica y uno de los más importantes ideólogos del liberalismo, se identifica a la sociedad civil con el conjunto de organizaciones e instituciones cívicas voluntarias y sociales que funcionan como mediadores entre los individuos y la administración pública, por lo que esta definición incluye a todas las organizaciones no gubernamentales.

Para Tocqueville, el primer autor que analizó la relación entre la sociedad civil y la democracia, cualquier tipo de organización social, sea política, social, comunitaria, religiosa, o incluso artística o deportiva, resulta favorable para la democracia en tanto que constituye una especie de escuela para la participación, así como un dique que impide que el Estado invada y prostituya los espacios sociales.

Según Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán, conocido sobre todo por sus trabajos en filosofía práctica (ética, filosofía política y del derecho), la existencia de una sociedad civil diferenciada de la sociedad política es un prerrequisito para la democracia. Sin ella, no hay un Estado legítimo. Para Jürgen Habermas, la sociedad civil tiene dos componentes principales: por un lado, el conjunto de instituciones que definen y defienden los derechos individuales, políticos y sociales de los ciudadanos y que propician la posibilidad de defenderse de la acción del poder político y del mercado y la viabilidad de la intervención ciudadana directa en las actuaciones mismas del sistema político; y por otra parte el conjunto de movimientos sociales que continuamente plantean nuevos principios y valores, nuevas demandas sociales, así como vigilar la aplicación efectiva de los derechos ya otorgados.

Otro enfoque interesante es el que ofrece el profesor de sociología en el Instituto de Sociología Política de la Universidad Humboldt de Berlín, economista, doctor en sociología, sociólogo político alemán Claus Offe cuya orientación académica general es el marxismo de la Escuela crítica de Frankfurt, de la cual es considerado uno de los mayores representantes de la segunda generación, quien define, de forma muy simple, a la sociedad civil como freno y cadena, porque por un lado la sociedad civil frena y por otro contrarresta las tendencias expansivas del Estado y el mercado.

Según Enrique Brito Velázquez, (1937-2005) filósofo y sociólogo mexicano, la sociedad civil es “el conjunto de ciudadanos organizados como tales para actuar en el campo de lo público en busca del bien común, sin ánimo de lucro personal ni buscar el poder político o la adhesión a un partido determinado”.

La doctrina es unánime en definir a la sociedad civil como la ciudadanía libremente asociada, independiente y autónoma, organizada para defenderse de la acción del poder político y para vigilar la aplicación efectiva de los derechos ya otorgados, con una característica imprescindible: que sea independiente de cualquier partido político.

La única manera de regenerar la actual democracia, de superar a los partidos políticos y de derrotar el poder casi absoluto que detentan hoy los políticos profesionales en una democracia degradada como la que estamos padeciendo hoy en España es otorgando a la sociedad civil el papel que le corresponde.

La verdadera democracia adjudica a la sociedad civil un papel decisivo, como contrapeso del poder político, y es en este contexto que hoy en día existe, en España y en las Islas Baleares, una doble paradoja hiriente e injusta, ya que por una parte los partidos políticos se autoadjudican toda la representatividad y acaparan todo el poder, mientras que la sociedad civil queda al margen del poder y de las decisiones, y por otra, conscientes los partidos políticos de que la sociedad civil organizada es su verdadero adversario y el único freno a su monopolio de la representación y a su abusivo dominio sobre la ciudadanía, han puesto todo su empeño en desarticular, debilitar y ocupar la sociedad civil, a la que en ocasiones han llegado a exterminar o, por lo menos, vaciar de contenido y mantener en estado de coma.

Actualmente, los principales baluartes de la sociedad civil, aquellos que deberían funcionar en libertad e independencia, como auténticos contrapesos del poder político, o están mayoritaria y directamente creados por los partidos políticos o están ocupados, prostituidos y envilecidos por los partidos políticos sean de derechas o de izquierdas, salvo honrosas excepciones.

Partidos políticos, que se autodefinen de izquierdas, en estos momentos, a la vez que benefician y subvencionan a las ONGS que son sus cadenas de transmisión, que son sus propias creaciones, ahogan, asesinan, intentan aplastar a aquellas que permanecen independientes de cualquier poder político.

Y lo hacen mintiendo y amenazando.

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