Socionacionalismo y populismo ¿Las dos caras de una misma moneda?

Cuando la Ilustración llegó a Mallorca, acabó entre rejas. Si hay un icono que define Mallorca es Jovellanos encerrado en el Castillo de Bellver, eso es «ser de los nuestros» No pensemos que por llamar a un edificio «Jovellanos» ello signifique que la Ilustración ha llegado. Bellver, ese mérito que paradójicamente atribuyen al ahora Alexandre Jaume -de toda la vida Alejandro- es un signo del sino del ethos mallorquín: confinas a la ilustración en la ceca, negocias en Madrid para que se lo entreguen a la ciudad, ya sea Ciutat, Palma, o Palma de Mallorca y, ¡zas! acabas encerrado ahí antes de que te pasen por las armas por rojo revolucionario cuando predicas la socialdemocracia antes de tiempo. Después, años de olvido. Y cuando resucitas, resulta que te cambian el nombre porque ahora abogas por la unidad del pancatalanismo desde el socialismo. Ni Hegel arregla semejantes contradicciones. Pero el Ajuntament y su normalizado alcalde todo lo pueden, desde darle patadas a la ortología –era difícil hacerlo peor que Antich- hasta canonizar a un santo laico después de décadas de olvido. ¡Cosas más grandes veréis!

Esto del catalán es un misterio trinitario. Ser doctor –iluminado o no- vale menos en unas oposiciones que tener un título de lengua vernácula, pero claro, lo primero no es lo nuestro y, lo segundo, es un sello de calidad inequívoca, ya sea para fontanero, celador o profesor. Recoger la basura debe hacerse en la lengua del doctor iluminado, no vaya a ser que no se dé el suficiente esplendor a las calles y plazas de la metrópolis provinciana antes de que los aires de la Ilustración ventilen todo aquello que no convenga airear. Y claro está, si uno tiene un negocio, pues debe garantizar que, frente a unos 400 mil hablantes, alguien que no pudiera entender la lengua de Fray Luis de León, sea atendido en la de Jaime I matamoros ¿quién tiene un problema?

El PP (¿llegaré a decir PPSOE?) ha dado una sorpresa. Su presidente, no sospechoso de conciliábulos todavía, se enzarza en disputas pseudofilosóficas, desde una Europa que ignora, sostiene que «Los mallorquines somos un ejemplo de tolerancia y, tal como decía Ramón Llull: “La lengua es un instrumento de amar”. Es un tesoro que debemos preservar.» (DM, 20/III(2017). Decir eso o no decir nada es lo mismo, ejercicio de pedantería pija y onanismo, pues de instrumentos de amar están llenos los Sex shops, eso sí, también hay amores que matan. Hay que estar ciego para confundir la tolerancia con la indiferencia y la cobardía de las que tan bien habla Román Piña en su último ensayo de psicología colectiva, lo mismo confundir la virtud burguesa y republicana por excelencia con la traición a lo que se supone que son unos principios liberales. Es difícil averiguar si quien señala eso mismo está en Bruselas o no se ha movido de Randa o si viaja con la sobrasada y las galletas de Inca en el bolso de Louis Vuitton. Y he aquí que quien otrora fuera el cancerbero de no se sabe muy bien qué, es, entre los llamados liberales, el defensor de algo tan básico que ya señalara con acierto D. Julián Marías, a saber, que el estado no puede copar la totalidad de la vida pública. Necesitados están muchos de una buena Introducción a la Filosofía como la del bueno de Don Julián.

Bauzá, sin TIL o con él, al final, ¿será el único liberal? La buena prensa no le acompaña pero razón no le falta. Y mientras, los nacionalistas y sus socios desnortados reclaman en la cámara que los estudiantes tengan menos deberes a golpe de proposición -de ley o no- la autonomía docente es absorbida ¿paulatinamente? por una máquina ideológica que no cesa. De ahí al nacionalcatolicismo, a la formació de l’esperit nacional, hay un paso. ¿Qué queda de los liberales? ¿Qué queda de los «socialistas a fuer de liberal» de Indalecio Prieto? ¡Nada! Lo que sí me quedará será el gozo, cuando me extraditen o me manden al gulag, de despedirme desde el Aeropuerto Ramón Llull, claro, si no hay barco de rejilla antes. No creo que ni Ensenyat salga de su talaiote para despedirme, un sangre sucia menos en la tierra del catarismo. Más altos vuelos que las locuras lulianas, sólo cabo Cañaveral.

Un comentari a “Socionacionalismo y populismo ¿Las dos caras de una misma moneda?

  1. Mi siempre querido Andrés, Jaume, que no otro. Son infinitas las generaciones que unen a nuestras familias e infinitos los puntos en los que ideológicamente debemos coincidir.
    También yo me pregunto si Bauzá, sin TIL o con él, al final, ¿será el único liberal? Pero claro… el problema aquí es saber que liberal se dice también de muchas maneras y que no todas merecen el nombre derivado de la libertad que se autoatribuyen. El liberalismo de trabuco y de aquí-quién-manda-soy-yo es al que Bauzá se adscribe sin miramientos mientras le besa la mano a los canónigos y hace tratos con el obispado. Un liberal muy conservador, sí. Y es que, creo que coincidirás, en que una idea puede ser liberal pero el conjunto puede no serlo. Creo que justamente ocurre esto con Bauzá y permíteme añadir una nota al pie para dotar de mayor tragedia al asunto: “Bauzá, el último con alguna idea liberal”

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