Son tiempos difíciles

Sócrates profetizaba que son tiempos difíciles aquellos en que se debe demostrar lo evidente. El filósofo ateniense tal vez pudo alcanzar el objetivo de probar lo obvio, yo en cambio admito mi incapacidad para lograrlo. El máximo que alcanzo es dejar constancia de mis emociones y preocupaciones engendradas todas ellas en la decepción, la rabia y la impotencia acumuladas en los últimos tiempos.

En este contexto debo aceptar que me indignaron, como a muchos de vosotros, las medidas de Rajoy de la semana pasada; me irritaron igualmente las mezquinas falsedades utilizadas para explicarlas y los delirantes argumentos sobre el fraude en el IVA para justificar su brutal aumento; me enfureció la insensatez de Andrea Fabra y del menorquín Juan Carlos Grau cuando a grito pelado nos invitaban a jodernos y a trabajar más. Sin embargo, dicho esto, confieso que todo junto no me molestó tanto como me inquietó la convicción no contrita y el trasfondo de resentimiento que evidenciaban el discurso de Rajoy, los miserables aplausos de muchos diputados populares o los berridos de los susodichos Grau y Fabra. Me preocupé porque entendí que estos parlamentarios representaban fielmente a una parte –la más ultra de su electorado- de la sociedad española, aquella que dando salida a la bilis acumulada durante muchos años, con sádica satisfacción –intuyo- grita hoy para sus adentros: Por fin os jodéis, ya era hora. Vislumbro por lo tanto que pasará a peor vida la igualdad de oportunidades para nuestros jóvenes en universidades y escuelas, presiento la discriminación por razón de raza o riqueza en los derechos a la salud, a una pensión digna, a la justicia gratuita y al trabajo. Creíamos muchos españoles que íbamos ganando paso a paso la paz social y que en consecuencia a día de hoy ya no irritaba a nadie la igualdad en derechos y deberes. Es obvio que nos equivocábamos puesto que -intuyo también- existen todavía quienes no asumen que los parados y los trabajadores puedan codearse con ellos en universidades, hospitales, residencias, consultas médicas y hasta, me atrevo a decir, en la cola del súper.

No extraña por tanto que en la calle y en las redes sociales proliferen un cúmulo de bulos de indemostrable filiación pero con el ADN de la derecha más reaccionaria, tales como: las artimañas con las que se asimila a la inmigración con el origen y causa del paro, o el embuste que supone afirmar que España tiene muchos más funcionarios y políticos que Alemania. Mención aparte merece el cinismo con el que se afirma que los parados no quieren trabajar o que la seguridad social ha soportado abusos de todo género (algunas anécdotas elevadas al nivel de categoría). En este sentido me parecen lamentables las constantes provocaciones dialécticas anti todo lo que huela a derecho social de algunos cargos del Partido Popular capitaneados por Aguirre y Cospedal, porque son pruebas inequívocas de la utilización del estado de opinión de una parte de la opinión pública, que aunque justificable por las circunstancias que se viven, nunca puede ser alentado de forma tramposa y maliciosa por los cargos públicos y mucho menos valerse de él como coartada a los feroces recortes de derechos básicos a los más débiles.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *