Surrealismo hispano

André Breton nos tenía cierta envidia porque, a su parecer, el español no se hace, sino que nace surrealista. Cuestión de cromosomas. Esta semana misma, sin ir más lejos, nuestro ministro de Justicia ha hecho alarde de nuestra específica diferencia genética: al justificar seis de los once primeros indultos otorgados este año por el Gobierno concluyó que la prevaricación no puede considerarse corrupción. Como muestra un botón, pero hay más botones.

El PSOE, tras hollar la senda para la investidura de Rajoy, en su incesante anhelo por recuperar las esencias del socialismo va, coge y otorga su apoyo parlamentario en la Eurocámara, junto con PP y Ciudadanos, a la aprobación del CETA, el tratado de libre comercio con Canadá que es, en realidad, el plan B del TTIP, por cuya puerta trasera entrarán las empresas americanas en el mercado europeo con un trasiego libre de aranceles. Cosas de la Grosse Koalition, nobleza obliga.

El mundo académico no se libra. El que hasta el miércoles fuera fulgurante rector de la universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Fernando Suárez, ha pasado a la historia por su facilidad para el plagio: los detectados hasta ahora han sido 15 de una veintena de autores, incluido su padre, Luis Suárez, medievalista de renombre y presidente, entre otras cosas, de la Hermandad del Valle de los Caídos.

Y acabaré con la campaña “Desmontando San Valentín”, orquestada por el Consell Insular de Mallorca y que, a buen seguro, nos habrá costado un ovario y parte del otro. No es que esté uno a favor de dedicar un día al año a la exaltación de una pasión o un sentimiento con fines puramente comerciales, pero dado que no hay lugar en calles y centros comerciales donde la iconografía publicitaria no nos presente a la mujer como puro objeto sexual, la lucha contra el machismo y la violencia de género tiene vías bastante más prioritarias.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *